Un joven baloncestista


Había una vez en un barrio de Buenos Aires, un chico llamado Mateo que soñaba con convertirse en un gran jugador de baloncesto.

Desde muy pequeño, Mateo pasaba horas practicando en la cancha del parque, driblando el balón con destreza y encestando con precisión. A pesar de su talento, muchos lo subestimaban por ser el más pequeño de su equipo. Pero Mateo no se dejaba amedrentar, sabía que con esfuerzo y dedicación, podría alcanzar sus metas.

Un día, el entrenador del equipo de baloncesto de la escuela lo invitó a entrenar con los jugadores mayores. Mateo se esforzó al máximo, demostrando su habilidad y determinación en cada sesión de entrenamiento.

A medida que pasaban los meses, Mateo se convirtió en un jugador indispensable para el equipo. Su velocidad y agilidad en la cancha eran admiradas por todos. Sin embargo, antes del partido más importante de la temporada, Mateo sufrió una lesión en su tobillo.

A pesar del dolor, se negó a rendirse. Con mucho esfuerzo y la ayuda de sus compañeros, logró recuperarse a tiempo para el gran partido. El día del partido, el marcador estaba muy parejo y faltando pocos segundos, el balón llegó a manos de Mateo.

Con determinación en sus ojos, Mateo encestó un increíble triple que aseguró la victoria para su equipo.

Desde ese día, Mateo entendió que el esfuerzo y la perseverancia son la clave para alcanzar los sueños, sin importar los obstáculos que se presenten en el camino.

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