
Había una vez un brujo muy especial llamado Brunildo que vivía en un castillo de piedra muy alto. Brunildo tenía los ojos grandes y brillantes como dos canicas de cristal y una nariz larga y muy afilada que usaba para oler sus pociones. Pero lo que más llamaba la atención de su rostro eran sus dientes, que eran negros como el carbón de una chimenea vieja. Brunildo nunca se lavaba los dientes porque no sabía que los cepillos existían en el mundo. Él pensaba que tener la boca oscura era algo normal para un mago de su categoría. En su gran salón, pasaba las tardes leyendo libros de hechizos y cocinando sopas de verduras mágicas en un caldero de hierro. Su castillo estaba rodeado de nubes grises y el suelo estaba lleno de libros antiguos. Brunildo era un hombre solitario, pero se sentía muy feliz viviendo entre sus muros de roca y sus frascos de colores brillantes. Nunca imaginó que su vida estaba a punto de cambiar por una visita inesperada.
Capítulo 2: ¿qué pasa después?
Continúa la historia con los mismos personajes: escribe el siguiente capítulo en un par de minutos.

