
La guerra del recreo y el secreto del 3 “A”
En la I.E. Nº 125 Ricardo Palma había un salón famoso por hacer demasiado ruido. Ese salón era el 3 “A”. Los profesores siempre decían: —Ese salón parece una mezcla entre estadio de fútbol, zoológico y mercado. Y tenían razón. Todo comenzó un lunes por la mañana. El profesor de Comunicación salió un momento del aula y dijo antes de irse: —Cinco minutos y quiero encontrar este salón tranquilo. Apenas cerró la puerta, ocurrió exactamente lo contrario. Mateo hizo una pelota de papel y gritó: —¡Campeonato mundial de basura! Lanzó la pelota y le cayó directamente en la cabeza a Camila. —¡Oye! —gritó ella—. ¿Quién fue el genio? Mateo empezó a reírse. —La pelota viajó sola. Camila agarró otra bola de papel y la lanzó de regreso, pero falló. En lugar de darle a Mateo, golpeó el jugo de Diego. —¡Mi uniforme! —gritó Diego levantándose como si acabara de perder una final. —¡Fue sin querer! —dijo Camila. —¡No parece! En segundos empezó el caos. Diego lanzó un cuaderno. Mateo usó una regla como espada. Algunos compañeros comenzaron a gritar “¡Pelea, pelea!” mientras otros se escondían para no recibir proyectiles. Al fondo del salón, Tomás intentaba hacer su tarea de Matemática. —Solo quiero vivir en paz —decía mientras esquivaba papeles. Pero el problema empeoró cuando Kevin abrió su lonchera y gritó: —¡MIS PAPAS FRITAS DESAPARECIERON! Todo el salón quedó en silencio. Kevin miró a todos como detective de película. —Aquí hay un ladrón de papas. Las acusaciones comenzaron de inmediato. —¡Fue Mateo! —¡No, fue Diego! —¡Seguro fue Camila! —¡¿Por qué yo?! —gritó Camila. Cada vez discutían más fuerte. Algunos comenzaron a empujarse. Otros se insultaban. El salón parecía una batalla campal. En ese momento, la puerta se abrió lentamente. Entró la auxiliar, la señora Rosa. Miró el desastre: papeles en el suelo, mochilas abiertas, un borrador pegado en la pared y un zapato encima del ventilador. La señora Rosa respiró profundo. —¿Ya terminaron de actuar como monos hiperactivos? Nadie respondió. Mateo levantó la mano. —Todavía no, pero nos faltaba poco. La señora Rosa lo miró tan seriamente que Mateo volvió a sentarse inmediatamente. Entonces tomó una tiza y escribió en la pizarra: “ESCUCHAR — HABLAR — SOLUCIONAR” —¿Saben cuál es el problema? —preguntó. Todos se quedaron callados. —Que ninguno sabe resolver conflictos de manera pacífica. Apenas algo sale mal, comienzan a gritar, pelear y empujarse. Tomás levantó la mano. —Eso explica muchas cosas. La auxiliar continuó: —Pelear es fácil. Lo difícil es hablar y entenderse. Mateo cruzó los brazos. —¿Y qué hacemos cuando alguien nos molesta? —Primero hablan con calma —respondió la señora Rosa—. Después buscan una solución. Todos hicieron cara de aburrimiento. —¿Solo eso? —Sí. Porque la violencia nunca arregla nada. Solo empeora los problemas. Entonces decidió hacer un ejercicio. —Van a resolver sus problemas sin gritar ni pelear. El que insulte, pierde. Kevin fue el primero. —Mateo se robó mis papas. Mateo abrió los ojos. —¡Yo no fui! Kevin señaló su mesa. —Entonces, ¿por qué tienes sal y migas ahí? Todos miraron lentamente el escritorio de Mateo. Había restos de papas fritas. El salón entero gritó: —¡AJÁÁÁ! Mateo se puso rojo. —Bueno… sí las comí… pero tenía hambre. Kevin cruzó los brazos. —Eran mis papas familiares. —Lo siento —dijo Mateo bajando la cabeza—. Mañana te compro otras. La señora Rosa sonrió. —¿Ven? Ya solucionaron un problema sin pelear. Después habló Camila. —Perdón por ensuciar tu uniforme, Diego. Fue accidente. Diego también suspiró. —Y perdón por lanzarte mi cuaderno. Creo que exageré. Tomás murmuró: —“Exageré”, dice el ninja del salón. Todos comenzaron a reírse. Poco a poco los compañeros empezaron a conversar en lugar de discutir. Descubrieron que muchos problemas habían sido malentendidos. Dos alumnos incluso dejaron de pelear cuando recordaron que su discusión había comenzado por un lápiz mordido. La tensión desapareció. El salón volvió a estar tranquilo. Demasiado tranquilo. La señora Rosa miró hacia arriba y vio el zapato atrapado en el ventilador. —No quiero saber cómo llegó eso ahí. Mateo levantó la mano lentamente. —Fue durante la guerra de reglas. La auxiliar cerró los ojos. —Claro que sí. Cuando el profesor regresó, esperaba encontrar un desastre, pero vio al 3 “A” conversando tranquilamente. —¿Qué pasó aquí? Tomás respondió: —Aprendimos que resolver conflictos hablando es mejor que convertir el salón en campo de batalla. El profesor sonrió sorprendido. Desde ese día, el 3 “A” hizo tres reglas importantes: 1. Escuchar antes de reaccionar. 2. Hablar con respeto. 3. Buscar soluciones sin violencia. Y aunque todavía hacían ruido de vez en cuando, ya no terminaban en guerras de papel ni en batallas de cuadernos. Bueno… casi nunca. Porque una semana después alguien gritó: —¡DESAPARECIÓ MI SÁNDWICH! Todos miraron lentamente a Mateo. Mateo levantó las manos. —¡Esta vez sí soy inocente! Pero tenía migas en la boca. Fin.
por BravePanda93
personajes
mateo
Protagonistahumana · Travieso, bromista y muy inquieto. Le gusta hacer desorden y suele provocar situaciones divertidas.
estudiante de secundaria
camila
Protagonistahumana · Impulsiva y de carácter fuerte. Reacciona rápidamente cuando se siente afectada. Al final demuestra
estudiante de secundaria
diego
Protagonistahumana · Emocional y exagerado. Se molesta fácilmente cuando algo le sucede. También es capaz de reflexionar
estudiante de secundaria
tomas
Protagonistahumana · Tranquilo, responsable y maduro. Prefiere estudiar y evitar los conflictos. Tiene sentido del humor
estudiante de secundaria
kevin
Protagonistahumana · Observador y directo. Defiende lo que es suyo. Busca resolver el problema de las papas desaparecidas
estudiante de secundaria
Historias publicadas (1)
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