
Había una vez una niña pequeña llamada Alma. Ella vivía en un lugar muy hermoso rodeado de árboles muy altos. Los árboles tenían hojas de muchos colores diferentes porque era otoño. El suelo del bosque parecía una alfombra mágica llena de tonos amarillos, naranjas y rojos intensos. A Alma le encantaba salir a explorar y caminar sobre las hojas secas. Al caminar, ella escuchaba un sonido muy especial: crunch, crunch. Alma decía muy feliz que ese sonido parecía música para sus oídos. Le gustaba mucho tocar las hojas con sus manos pequeñas. Algunas hojas eran muy suaves como la seda y otras se sentían ásperas. Algunas estaban frías por el rocío de la mañana y otras estaban tibias cuando el sol las tocaba. Alma observaba todo con mucha atención y en silencio. Ella sentía que el mundo tenía muchos secretos por descubrir. El bosque era su lugar favorito para jugar cada día. Su ropa era abrigada para protegerse del viento fresco. Llevaba una chaqueta de lana y botas cómodas para caminar. Sus ojos brillaban con la curiosidad de aprender algo nuevo. El aire olía a pinos y a tierra fresca. Ella caminaba despacio para no perderse ningún detalle del paisaje. Cada rincón del bosque era una nueva sorpresa para ella. Alma sonreía al ver los pájaros volar muy alto. Ella era una niña que amaba profundamente la naturaleza.
Capítulo 2: ¿qué pasa después?
Continúa la historia con los mismos personajes: escribe el siguiente capítulo en un par de minutos.

