
Mateo era un niño muy especial que vivía en un pueblo pequeño rodeado de montañas. Tenía el pelo negro como el carbón y unos ojos marrón grandes que siempre estaban llenos de luz. Casi siempre llevaba puesta su mochila azul favorita, la cual usaba para guardar todas las cosas interesantes que encontraba en sus paseos. En su pueblo, todos los adultos contaban historias asombrosas sobre el gran bosque que comenzaba al final de la calle principal. Decían que era un lugar muy peligroso y que estaba lleno de sombras extrañas que se movían entre los troncos. Los niños tenían prohibido acercarse a los árboles más altos porque se decía que uno podía perderse para siempre. Sin embargo, Mateo no era un niño común que se asustara con facilidad. Él era un chico valiente, inmensamente curioso y, por encima de todo, tenía un corazón muy amable. Un martes por la mañana, mientras los pájaros cantaban en su ventana, decidió que era el momento perfecto para descubrir la verdad por sí mismo. Preparó su mochila azul con una manzana roja, una botella de agua y su linterna de color plateado. Caminó hacia el borde del bosque mientras el sol de la mañana calentaba su rostro con suavidad. Se detuvo justo antes de entrar y respiró profundamente el aire fresco que bajaba de las colinas. Con un paso decidido y una sonrisa en la cara, cruzó la línea de los primeros árboles. No sentía ni un poquito de miedo, solo una gran emoción que le hacía saltar el corazón.
Capítulo 2: ¿qué pasa después?
Continúa la historia con los mismos personajes: escribe el siguiente capítulo en un par de minutos.

