Para dormir
La luna que no quería dormirse
Una noche, la luna no tenía sueño. Miró el cielo, miró el mar y miró los tejados dormidos. «Todos descansan menos yo», suspiró.
Un gatito que paseaba por el techo la oyó. «Si quieres, te canto la canción que me cantaba mi mamá», le dijo. Y cantó bajito, con voz de terciopelo.
La luna bajó un poquito, apoyó su luz sobre la almohada de las nubes y cerró un ojo. Luego el otro. En la ciudad, todo el mundo durmió con una luz suave en la ventana.