
Un día soleado, Emiliano caminaba por el pueblo cuando vio a don José, un agricultor mayor, preocupado junto a sus campos de maíz. Las nubes grises se acercaban rápido y el viento soplaba con fuerza. Don José le dijo a Emiliano que la tormenta podría destruir su cosecha y que no tenía manera de protegerla. Emiliano miró a su varita mágica, que brillaba con suavidad, y recordó lo que había aprendido: la magia más bonita es ayudar a los demás.
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