
Una mañana soleada, Sofía descubrió que su amuleto mágico, el que brillaba como una estrella púrpura, había desaparecido. Buscó debajo de su almohada, dentro de su cofre de tesoros, y hasta en los bolsillos de su vestido favorito, pero no estaba en ningún lugar. «¡James!», llamó a su hermano, que estaba practicando con su espada de madera en el patio. «Necesito tu ayuda, mi amuleto se perdió y sin él no puedo visitar el jardín mágico».
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