"¡Abuelo, Enséñame a Salvar el Planeta!"
Juan está preocupado por la basura y el calentamiento global. Su abuelo, Abuelo Miguel, le enseña cómo reciclar separando papel, plástico, vidrio y otros desechos en contenedores diferentes. También le muestra cómo compostar restos de comida para ayudar a las plantas, inspirando a Juan a hacer una diferencia para el planeta.

Juan era un niño curioso. Le gustaba jugar en el parque, leer cuentos de animales y comer helado de fresa. Pero últimamente, Juan estaba preocupado. Veía mucha basura en la calle y en la televisión escuchaba hablar del "calentamiento global". No entendía muy bien qué significaba, pero sabía que no era bueno. Un día, Juan le preguntó a su abuelo, Abuelo Miguel, sobre la basura. Abuelo Miguel tenía el pelo blanco y una sonrisa amable. Siempre tenía tiempo para Juan. "Abuelo," dijo Juan, "¿Por qué hay tanta basura? ¿Y qué es eso del calentamiento global?" Abuelo Miguel sonrió. "Son buenas preguntas, Juan. La basura es un problema porque contamina nuestro planeta. Y el calentamiento global es cuando la Tierra se calienta demasiado. ¡Pero podemos ayudar!" "¿Cómo?" preguntó Juan, con los ojos muy abiertos. "Podemos reciclar," dijo Abuelo Miguel. "Reciclar es tomar cosas que ya no necesitamos y convertirlas en cosas nuevas. Así no tenemos que usar tantos materiales nuevos y ayudamos al planeta." Juan estaba muy emocionado. "¡Yo quiero reciclar! ¿Me enseñas, abuelo?" "¡Claro que sí!" dijo Abuelo Miguel. "Primero, necesitamos saber qué podemos reciclar. Tenemos cuatro contenedores diferentes. ¿Los ves?" Juan asintió. Había un contenedor azul, uno amarillo, uno verde y uno gris. "El contenedor azul es para papel y cartón," explicó Abuelo Miguel. "Periódicos, cajas de pizza (¡sin la pizza, claro!), revistas... todo eso va aquí." Juan miró el contenedor azul. "¡Ah! Entonces, ¿mi dibujo viejo va aquí?" "¡Exacto!" dijo Abuelo Miguel. "Después, tenemos el contenedor amarillo. Este es para plástico y metal. Botellas de agua, latas de refresco, botellas de champú…" Juan señaló una botella de plástico vacía. "¿Esta va aquí?" "¡Muy bien!" respondió Abuelo Miguel. "Ahora, el contenedor verde es para vidrio. Botellas de vidrio, frascos de mermelada…" "¡Pero con cuidado!" añadió Abuelo Miguel. "El vidrio se puede romper, así que hay que ser cuidadoso." Juan prometió tener cuidado. "Y por último," dijo Abuelo Miguel, "tenemos el contenedor gris. Este es para todo lo demás. Cosas que no son papel, plástico, metal o vidrio." Juan pensó por un momento. "¿Como la cáscara de plátano?" Abuelo Miguel sonrió. "¡Sí! Pero la cáscara de plátano también se puede compostar. ¡Eso es otra cosa que podemos hacer para ayudar al planeta!" Juan estaba un poco confundido. "¿Compostar?" "Compostar es tomar restos de comida y hojas y convertirlos en abono para las plantas," explicó Abuelo Miguel. "Así, las plantas crecen más fuertes y felices." Abuelo Miguel llevó a Juan al jardín. Le mostró un montón de hojas y restos de comida. "Esto es una compostera," dijo. "Aquí es donde ponemos los restos de comida y las hojas. Con el tiempo, se convierten en abono." Juan ayudó a su abuelo a poner cáscaras de plátano y restos de lechuga en la compostera. "¡Esto es divertido!" dijo Juan. Después de aprender sobre el reciclaje y el compostaje, Juan estaba muy emocionado de ayudar al planeta. Empezó a separar la basura en casa. Le recordaba a su familia que debían usar bolsas de tela en lugar de bolsas de plástico cuando iban al supermercado. Un día, la maestra de Juan les habló sobre el Día de la Tierra. Juan levantó la mano y dijo: "¡Yo sé cómo ayudar al planeta! Podemos reciclar y compostar." La maestra de Juan estaba muy contenta. Le pidió a Juan que explicara a sus compañeros cómo reciclar y compostar. Juan se puso de pie y explicó todo lo que había aprendido de su abuelo. Sus compañeros estaban muy interesados y prometieron empezar a reciclar en casa. Juan estaba muy orgulloso de sí mismo. Sabía que, aunque era pequeño, podía hacer una gran diferencia para el planeta. Y todo gracias a su abuelo, Abuelo Miguel, que le enseñó a salvar el planeta. Ahora, cada vez que veía un contenedor de reciclaje, sonreía y pensaba: "¡Yo puedo ayudar!" Desde ese día, Juan siguió reciclando y compostando. También plantó un árbol en su jardín con el abono que había hecho en la compostera. El árbol creció fuerte y sano, como el amor de Juan por el planeta. Y cada vez que Juan tenía una pregunta sobre cómo cuidar el planeta, sabía que podía contar con su abuelo, Abuelo Miguel, para que le enseñara. Juntos, estaban haciendo del mundo un lugar mejor, un pedazo de basura reciclada a la vez.
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