¡Ay, No! ¡Una Hormiga en Mi Cara!
Sofía, una niña que juega en el jardín, se encuentra con una hormiguita aventurera llamada Lila que decide explorar su rostro. Lila recorre su nariz, pelo, boca, ojos y orejas, causando cosquillas y risas hasta que finalmente se disculpa y se va, dejando a Sofía con una divertida historia para contar.
Había una vez, en un día soleado y lleno de margaritas, una niña llamada Sofía. A Sofía le encantaba jugar en el jardín, observando a las mariposas y contando las nubes en el cielo. Pero hoy, algo diferente llamó su atención: ¡una hormiguita! Era una hormiguita muy, muy chiquitita, tan pequeña que casi no se veía. La hormiguita, que en realidad se llamaba Lila, era muy curiosa. Le encantaba explorar nuevos mundos, y el rostro de Sofía parecía un planeta desconocido lleno de aventuras. Así que, sin pensarlo dos veces, Lila comenzó su expedición. Primero, Lila sintió la nariz de Sofía. "¡Qué montaña tan grande!", pensó Lila. Entonces, Sofía sintió un cosquilleo en su nariz. "¡Achís!", estornudó Sofía, y Lila casi sale volando. "¡Ay, no!", gritó Sofía, "¡Una hormiguita chiquitita se pasea en mi nariz! Y yo me rasco la nariz, me rasco la nariz, me rasco la nariz. ¡Sal hormiga, sal de aquí! ¡No te pares en mi nariz! ¡Sal hormiga, sal de aquí! ¡No me piques la nariz!". Lila, un poco mareada por el estornudo, decidió buscar otro lugar. Esta vez, escogió el pelo de Sofía. "¡Qué selva más densa!", exclamó Lila, mientras caminaba entre los cabellos castaños. Sofía sintió algo moviéndose en su cabeza. "¡Uf!", dijo Sofía, "¡Una hormiguita chiquitita se pasea por mi pelo! Y yo la busco por mi pelo, la busco por mi pelo, la busco por mi pelo. ¡Sal hormiga, baja al suelo! ¡No te pares en mi pelo! ¡Sal hormiga, baja al suelo! ¡No te pares en mi pelo! ¡Sal hormiga, sal de aquí! ¡No me piques la nariz!". Lila, sintiéndose un poco culpable por molestar a Sofía, pero aún con ganas de explorar, se aventuró hacia la boca de Sofía. "¡Qué cueva tan rosada!", pensó Lila. Sofía comenzó a sentir cosquillas en sus labios. "¡Ay, no!", exclamó Sofía, "¡Una hormiguita chiquitita se pasea por mi boca! Yo me rasco bien la boca, y yo me rasco bien la boca, yo me rasco bien la boca. ¡Sal de aquí, hormiguita loca! ¡No te pares en mi boca! ¡Sal de aquí, hormiguita loca! ¡No me piques en la boca! ¡Sal hormiga, baja al suelo! ¡No te pares en mi pelo! ¡Sal hormiga, sal de aquí! ¡No me piques la nariz!". Lila, oyendo la voz de Sofía, comprendió que no estaba siendo muy amable. Pero... ¡aún quedaba un lugar por explorar! Esta vez, Lila caminó hacia los ojos de Sofía. "¡Qué lagos tan brillantes!", pensó Lila. Sofía sintió un pequeño cosquilleo en sus párpados. "¡Ay, no!", gritó Sofía, "¡Una hormiguita chiquitita se pasea por mis ojos! Y yo me rasco bien los ojos, yo me rasco bien los ojos, y yo me rasco bien los ojos. ¡Sal hormiga, que me enojo! ¡No te pares en mis ojos! ¡Sal hormiga, que me enojo! ¡No me piques en los ojos! ¡Sal de aquí, hormiguita loca! ¡No te pares en mi boca! ¡Sal hormiga, baja al suelo! ¡No te pares en mi pelo! ¡Sal hormiga, sal de aquí! ¡No me piques la nariz!". Finalmente, Lila decidió que ya era suficiente. Pero antes, un último lugar: ¡las orejas de Sofía! "¡Qué túneles tan misteriosos!", pensó Lila. Sofía sintió algo moviéndose cerca de sus oídos. "¡Ay, no!", exclamó Sofía, "¡Una hormiguita chiquitita se pasea en mis orejas! Y yo me rasco las orejas, yo me rasco las orejas, y yo me rasco las orejas. ¡Sal hormiga, ya pues deja! ¡No te pares en mis orejas! ¡Sal hormiga, ya pues deja! ¡No me piques las orejas! ¡Sal hormiga, que me enojo! ¡No te pares en mis ojos! ¡Sal de aquí, hormiguita loca! ¡No te pares en mi boca! ¡Sal hormiga, baja al suelo! ¡No te pares en mi pelo! ¡Sal hormiga, sal de aquí! ¡No me piques la nariz!". Lila, sintiéndose un poco avergonzada, finalmente bajó al suelo. Sofía la observó mientras Lila se alejaba hacia un pequeño agujero en la tierra. "¡Adiós!", gritó Sofía. Lila, antes de desaparecer, levantó una patita y dijo: "¡Lo siento! ¡Y gracias por la aventura!". Desde ese día, Sofía siempre miraba con cuidado las hormiguitas, recordando la pequeña Lila y su gran espíritu aventurero. Y Lila, por su parte, aprendió que a veces, es mejor admirar desde lejos que molestar a los demás. Y Sofía nunca más tuvo una hormiga en su nariz, pelo, boca, ojos u orejas. ¡Fin!
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