El Cotorro Cornelio y el Tesoro de Semillas
Cornelio, un cotorro tacaño, atesora semillas hasta que una tormenta se las lleva. Con la ayuda de sus amigos, aprende el valor de la generosidad y la amistad, dándose cuenta de que compartir es más valioso que acumular.

Cornelio era un cotorro verde esmeralda con un pico fuerte y afilado. Vivía en el árbol más alto del bosque tropical, un lugar privilegiado con vistas a todo el valle. Pero Cornelio no disfrutaba de la belleza que le rodeaba. En lugar de eso, estaba obsesionado con acumular semillas. Tenía un agujero secreto en su árbol, un verdadero tesoro lleno de semillas de girasol, de calabaza, de mango, ¡de todo tipo! Las guardaba celosamente, contando y recontando su fortuna cada día. Los otros animales del bosque, el mono Manolo, la ardilla Adela, y el tucán Tito, sabían de la avaricia de Cornelio. A menudo, cuando la temporada de lluvias era especialmente dura y la comida escaseaba, se acercaban tímidamente al árbol de Cornelio, con la esperanza de que compartiera aunque fuera un puñado de semillas. "Cornelio, amigo," decía Manolo con voz suave, "la lluvia ha inundado mis reservas. ¿Tendrías algunas semillas que me pudieras prestar? Prometo devolverlas cuando el sol vuelva a brillar." Cornelio asomaba su cabeza verde por el agujero, sus ojos brillando con desconfianza. "¡Prestar!" graznaba. "¡Las semillas son mías! ¡Las he conseguido con mi propio esfuerzo! ¡No tengo nada que compartir!" Adela, la ardilla, intentaba con su dulce voz: "Cornelio, por favor, mis crías tienen hambre. Una pequeña cantidad sería suficiente." Pero Cornelio era inflexible. "¡No, no y no! ¡Las semillas son para mí! ¡Para mi futuro! ¡Para... bueno, para tenerlas!" Tito, el tucán, suspiraba. Sabía que era inútil. Cornelio era famoso por su tacañería. Un día, una fuerte tormenta azotó el bosque. El viento soplaba con furia, arrancando hojas y ramas. El árbol de Cornelio se balanceaba peligrosamente. El agujero secreto, lleno de semillas, se abrió y el valioso tesoro de Cornelio se derramó por el suelo, mezclándose con el barro y las hojas caídas. Cornelio observó horrorizado cómo su fortuna desaparecía. Intentó recoger las semillas, pero era imposible. El viento se las llevaba, la lluvia las hundía en el barro. Lloró, no lágrimas de agua, sino graznidos de desesperación. Manolo, Adela y Tito observaban desde la distancia, sintiendo lástima por el cotorro. Después de que la tormenta amainara, Manolo se acercó a Cornelio. "Cornelio," dijo con amabilidad, "sabemos que has perdido tus semillas. Pero no te preocupes. Te ayudaremos a recuperarlas." Cornelio, sorprendido, dejó de graznar. "¿Me... me ayudarán? Pero... yo nunca les he compartido nada." Adela asintió. "Es verdad, Cornelio. Pero todos necesitamos ayuda a veces. Juntos, podemos recolectar algunas semillas y empezar de nuevo." Tito añadió: "Además, ahora sabemos dónde crecen las mejores semillas. ¡Será más fácil que antes!" Juntos, los animales del bosque trabajaron arduamente. Recogieron las semillas que pudieron rescatar del barro y buscaron nuevas fuentes de alimento. Cornelio, por primera vez en su vida, trabajó junto a los demás, compartiendo sus conocimientos sobre dónde encontrar las semillas más sabrosas. Pronto, Cornelio tenía un nuevo tesoro de semillas, aunque no tan grande como el anterior. Pero esta vez, era diferente. No sentía la necesidad de guardarlo todo para sí mismo. Había aprendido una valiosa lección. Cuando Manolo, Adela y Tito necesitaban ayuda, Cornelio compartía sus semillas con gusto. Descubrió que la verdadera riqueza no estaba en la cantidad de semillas que poseía, sino en la amistad y la generosidad. Un día, el sol brilló con fuerza y el bosque floreció. Cornelio, sentado en la rama de su árbol, observó a los demás animales jugar y reír. Se sentía feliz, no por tener semillas, sino por tener amigos. Había cambiado su tesoro de semillas por un tesoro mucho más valioso: el tesoro de la amistad y la generosidad. Ahora, Cornelio era conocido no como el cotorro tacaño, sino como el cotorro generoso, un amigo para todos en el bosque.
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