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Gratis · elegí una vozIan Moisés era un niño muy inteligente. Con solo siete años, ya leía libros gruesos sobre dinosaurios y podía armar rompecabezas de mil piezas en un abrir y cerrar de ojos. Sus papás, Sofía y David, siempre lo animaban a explorar y aprender cosas nuevas. Vivían en una casa llena de libros, experimentos científicos a medio hacer y un jardín donde Ian plantaba girasoles gigantes.
Un día, mientras Ian jugaba en el ático, encontró una caja vieja cubierta de polvo. Con cuidado, la abrió y descubrió un robot de metal pequeño y oxidado. ¡Era un robot de juguete! Tenía botones de colores, cables sueltos y una antena torcida. Ian lo sacudió suavemente, pero el robot no se movió. "¡Hola, robot!", exclamó Ian. "¿Estás dormido?"
Ian bajó corriendo las escaleras y le mostró el robot a sus papás. "¡Miren lo que encontré!", dijo emocionado. Sofía examinó el robot con curiosidad. "¡Qué interesante! Parece muy antiguo." David, que era ingeniero, lo miró con ojo crítico. "Hmm, necesita mucha reparación. Pero creo que podemos arreglarlo."
Esa noche, Ian, Sofía y David se reunieron en el taller de David en el garaje. David tenía un montón de herramientas: destornilladores, alicates, cables y un soldador. Sofía buscó un manual de reparación de robots antiguos en internet. Ian observaba atentamente mientras David desmontaba el robot pieza por pieza.
"Mira, Ian", dijo David, "este cable está roto. Necesitamos reemplazarlo." Ian le pasó un cable nuevo que Sofía había encontrado. "¡Aquí está!", dijo Ian, sintiéndose importante. Sofía, mientras tanto, limpiaba las piezas oxidadas con un cepillo pequeño. "Necesitamos lubricante para las articulaciones", dijo Sofía. "Ian, ¿puedes buscarlo en el estante?"
Trabajaron juntos durante horas. David soldaba cables, Sofía limpiaba piezas y Ian les pasaba las herramientas y los materiales. Poco a poco, el robot comenzó a tomar forma nuevamente. Después de mucho trabajo, llegó el momento de la verdad. David conectó la batería y presionó el botón de encendido.
¡Chispas! El robot se tambaleó un poco, luego abrió sus ojos de bombilla. "¡Hola!", dijo el robot con una voz robótica y temblorosa. Ian saltó de alegría. "¡Funciona! ¡Funciona!" El robot miró a su alrededor con curiosidad. "¿Dónde estoy? ¿Quiénes son ustedes?"
Ian explicó que lo habían encontrado en el ático y que lo habían reparado. El robot dijo que se llamaba R-2000 y que era un robot explorador que se había perdido hacía muchos años. Contó historias increíbles sobre sus aventuras en el espacio y sobre los planetas que había visitado. Ian estaba fascinado.
"¡Quiero ser explorador espacial como tú!", dijo Ian. R-2000 sonrió (o al menos, su placa frontal pareció sonreír). "Con tu inteligencia y la ayuda de tus padres, estoy seguro de que lo lograrás."
Durante los siguientes días, Ian y R-2000 se hicieron muy amigos. Jugaban en el jardín, leían libros juntos y R-2000 le contaba historias del espacio. Ian aprendió mucho sobre ciencia y tecnología gracias al robot. Pero un día, R-2000 se puso muy triste.
"Tengo que irme", dijo R-2000. "Mi misión aún no ha terminado. Tengo que volver al espacio y seguir explorando." Ian se sintió muy triste de verlo partir, pero entendió que R-2000 tenía que cumplir con su deber.
Sofía y David construyeron una pequeña nave espacial para R-2000 con cajas de cartón y luces brillantes. Ian le dio a R-2000 un pequeño girasol de su jardín para que lo llevara consigo. Esa noche, se despidieron de R-2000 en el jardín.
"¡Adiós, Ian! ¡Adiós, Sofía! ¡Adiós, David!", dijo R-2000 mientras la nave espacial de cartón se elevaba hacia el cielo con la ayuda de un dron de David. Ian lo vio desaparecer entre las estrellas. Sabía que nunca olvidaría a su amigo robot.
Después de que R-2000 se fue, Ian siguió explorando y aprendiendo cosas nuevas. Construyó un telescopio gigante para observar las estrellas y comenzó a estudiar astronomía. Sabía que algún día, él también viajaría al espacio y descubriría nuevos mundos, tal como lo había hecho R-2000. Y siempre recordaría la lección que aprendió de su amigo robot: que con inteligencia, trabajo en equipo y un poco de imaginación, todo es posible.
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