La Estrella Fugaz de Mía
Sofía espera ansiosamente la llegada de su hermanita, a quien su papá llama "una estrella fugaz". Cuando Mía nace, Sofía aprende a ser una hermana mayor cariñosa, descubriendo la alegría y el vínculo especial que comparten.

Papá tenía un secreto brillante. No era un tesoro enterrado ni una capa de superhéroe escondida en el armario. Era mucho, mucho mejor. Mamá tenía una pancita redonda, y dentro, ¡vivía una estrella fugaz muy especial! "¿Una estrella fugaz?" preguntó Sofía, con los ojos como platos. Tenía seis años y le encantaban las historias de magia. "¡Sí!" dijo Papá, guiñándole un ojo. "Pero esta estrella fugaz no vuela por el cielo. Está esperando para aterrizar en nuestros brazos." Sofía no entendía muy bien, pero le parecía emocionante. Tocaba la pancita de Mamá con cuidado. "Hola, estrellita," susurraba. "¡Te estoy esperando!" Los días pasaban como hojas que caen de un árbol en otoño. Mamá se cansaba más rápido, y Papá la cuidaba con mucho cariño. Sofía ayudaba trayéndole agua y leyéndole cuentos. A veces, la estrellita se movía mucho, dando pataditas fuertes que hacían reír a Mamá. Un día, Mamá y Papá se fueron al hospital. Sofía se quedó con la Abuela Elena. Estaba nerviosa y emocionada a la vez. La Abuela Elena le preparó galletas de chocolate y le contó historias de cuando Papá era pequeño. Pero Sofía no podía dejar de pensar en la estrellita. Por la noche, cuando ya estaba en la cama, sonó el teléfono. Era Papá. Su voz sonaba un poco cansada, pero muy feliz. "¡Sofía!" dijo Papá. "¡La estrellita ha aterrizado! ¡Es una niña preciosa! Se llama Mía." Sofía gritó de alegría. ¡Tenía una hermana! Una hermana estrella fugaz. No podía esperar para conocerla. Al día siguiente, Papá y Mamá volvieron a casa con Mía. Era tan pequeña y delicada que Sofía sintió que se le derretía el corazón. Tenía el pelo oscuro y unos ojos grandes y curiosos que parecían querer descubrir el mundo entero. "Hola, Mía," susurró Sofía, acercándose a la cuna. "Soy tu hermana Sofía. Te voy a querer mucho." Mía abrió los ojos y miró a Sofía. Le regaló una pequeña sonrisa. Sofía supo en ese momento que su vida había cambiado para siempre. Los primeros días fueron un poco difíciles. Mía lloraba mucho por las noches, y Mamá y Papá estaban muy cansados. Sofía intentaba ayudar en lo que podía. Le cantaba canciones de cuna a Mía, le daba el biberón (con la ayuda de Mamá) y le hacía reír con sus muecas. Un día, mientras Mamá dormía una siesta, Sofía se quedó sola con Mía. Mía estaba inquieta y empezaba a lloriquear. Sofía la cogió en brazos y la meció suavemente. Le cantó una canción que Mamá le cantaba a ella cuando era pequeña. Para sorpresa de Sofía, Mía dejó de llorar. Se acurrucó en sus brazos y se quedó dormida. Sofía se sintió muy orgullosa. Había conseguido calmar a su hermana. Se sentía como una verdadera hermana mayor. Con el tiempo, Mía creció. Empezó a gatear, a decir sus primeras palabras y a dar sus primeros pasos. Sofía siempre estaba a su lado, animándola y protegiéndola. Un día, mientras jugaban en el parque, Mía se cayó y se raspó la rodilla. Empezó a llorar desconsoladamente. Sofía corrió hacia ella y la abrazó. "No pasa nada, Mía," le dijo Sofía, limpiándole las lágrimas. "Te voy a poner una tirita y todo estará bien." Sofía le puso una tirita con un dibujo de una estrella fugaz en la rodilla de Mía. Mía dejó de llorar y le sonrió a su hermana. Sofía se dio cuenta de que Mía no era solo su hermana, era su mejor amiga. Juntas, exploraban el mundo, se reían, se contaban secretos y se apoyaban mutuamente. Un día, Papá le preguntó a Sofía: "¿Qué es lo que más te gusta de tener una hermana?" Sofía pensó por un momento y luego respondió: "Me gusta que siempre está ahí para mí. Me gusta jugar con ella, cuidarla y quererla. Mía es mi estrella fugaz, y siempre brillará en mi corazón." Papá sonrió y abrazó a Sofía. Sabía que había hecho lo correcto al traer una estrellita fugaz a sus vidas. Mía había llenado su hogar de alegría, amor y luz. Y Sofía, su primera hija, había demostrado ser la mejor hermana mayor del mundo.
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