Tomy y la semillita especial
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Tomy y la semillita especial

Tomy y la semillita especial Una fábula sobre la honestidad e integridad Autora: Irennys Solorzano En un bosque lleno de flores, de árboles altos y verdes, donde el viento juega entre las hojas y los pajaritos cantaban cada mañana, vivía un pequeño conejito llamado Tomy. Tomy tenía unas largas orejitas suaves, ojos brillantes y un corazón muy dulce y tierno. Le encantaba brincar por los caminos del bosque, observar mariposas de colores y jugar con sus mejores amigos. Sus amigos eran muy especiales. Lila, la ardillita, era alegre, curiosa y muy imaginativa. Siempre encontraba algo nuevo que descubrir. —¡Miren esa nube! Parece un castillo en el cielo —decía emocionada. Benji, el osito, era divertido y muy cariñoso. Siempre tenía una sonrisa lista para regalar y le gustaba hacer reír a todos. —Si alguien está triste, ¡un abrazo puede ayudar! —decía con alegría. Mía, la tortuguita, era tranquila y paciente. Caminaba despacito, observando las flores, escuchando el viento y pensando siempre antes de hablar. —Las cosas bonitas toman tiempo —decía con una suave sonrisa. Cada mañana, los cuatro amigos caminaban juntos por un sendero cubierto de hojas doradas hasta la escuelita del bosque. Allí los esperaba la sabia maestra Olivia, una búho amable de ojos grandes y voz tranquila, que siempre enseñaba algo importante para la vida. A veces decía: —Aprender números es muy bueno, pero aprender cosas para el corazón es aún mejor. Una mañana soleada, la maestra Olivia llegó con una cesta pequeña entre sus alas. Parecía guardar un gran secreto. Los animalitos miraron curiosos. —Hoy tengo algo muy especial para ustedes —dijo con una sonrisa—. Cada uno recibirá una semillita especial. Todos abrieron mucho los ojos. —¡Qué emoción! —gritó Benji. La maestra Olivia continuó: —Deberán sembrarla, colocarle agua, cuidarla con amor y contar siempre la verdad sobre cómo la están cuidando. Lila movió su colita emocionada. —¡La mía tendrá flores enormes! Benji levantó sus patitas. —¡La mía será la planta más grande del bosque! Mía sonrió tranquila. —Yo la cuidaré con mucha paciencia. Tomy dio un salto y dijo con ilusión: —Yo cuidaré mi semillita todos los días. Al llegar a casa, Tomy le pidió ayuda a su mamá coneja. Juntos buscaron una maceta bonita, le pusieron tierra humedad y sembraron la pequeña semilla. La colocaron junto a la ventana donde el sol entraba por las mañanas. Desde aquel día, Tomy la cuidó con mucho amor. Cada mañana le daba agua. Cada tarde observaba la tierra. Y cada noche le hablaba suavemente. —Crece, semillita, yo te voy a cuidar…con agua y cariño te quiero ayudar. Pasaron algunos días. Después una semana. Luego otra más. Pero algo extraño estaba pasando. La maceta seguía vacía. No salía una hojita. No aparecía un brote. Nada. Tomy comenzó a sentirse triste. Miraba la tierra y suspiraba bajito. —¿Será que hice algo mal? —pensó preocupado. Al día siguiente sus amigos comentaban sobre las plantas. La de Lila tenía pequeñas hojas verdes. La de Benji parecía fuerte y alta. La de Mía comenzaba a florecer lentamente. Tomy sintió un pequeño nudo en el corazón. Esa noche, se sentó junto a la ventana mirando su maceta vacía. Todo estaba en silencio. Entonces una idea llegó a su mente. Pequeñita. Pero peligrosa. —Tal vez podría poner otra semilla… —pensó—. Nadie lo notaría. Miró hacia el jardín. Había muchas semillas. Una se parecía bastante a la suya. Tomy la observó por un momento. Y susurró: —Quizás si la cambio… ya nadie se va a preocupar. Pero justo entonces recordó las palabras de su mamá coneja. Aquellas palabras suaves que siempre guardaba en el corazón: —Ser honesto es decir la verdad, y hacer lo correcto siempre trae algo bueno. Tomy bajó sus orejitas. Porque sabía algo muy importante. Tal vez nadie lo descubriría. Pero él sí lo sabría. Y eso haría sentir muy triste a su corazón. Respiró profundo. Abrazó su maceta vacía. Y se dijo bajito: —No quiero una planta bonita si tengo que mentir o engañar. Entonces sonrió un poquito y susurró: —Aunque me dé un poco de miedo al hablar, la verdad siempre me va a ayudar. A la mañana siguiente llegó el gran día. Todos debían llevar sus plantas a la escuela. El salón parecía un pequeño jardín. Había flores, hojas verdes y macetas muy bonitas. Lila sonreía emocionada. Benji caminaba orgulloso. Mía observaba todo con tranquilidad. Y Tomy… Tomy caminaba despacito abrazando su maceta vacía. Sentía un poquito de vergüenza y miedo. Pero también algo nuevo. Valentía. La maestra Olivia comenzó a mirar una por una las plantas. —¡Qué bonitas están! —decía sonriendo. Hasta que llegó frente a Tomy. Miró la maceta. Después miró sus ojitos preocupados. Y le preguntó con voz suave: —Tomy, ¿qué pasó con tu semillita? El pequeño conejito tragó saliva. Respiró profundo. Y aunque sentía nervios, decidió decir la verdad. —La cuidé todos los días, maestra… le puse agua, sol y mucho amor, y nada paso. Quise cambiarla por otra porque me dio tristeza verla vacía… pero pensé que debía ser honesto y decir la verdad. El salón quedó completamente en silencio. Tomy bajó sus orejitas. Creyó que todos se reirían y burlarían de él. Pero algo inesperado sucedió. La maestra Olivia comenzó a aplaudir. —¡Tomy, hoy tú eres el ganador! Todos abrieron mucho los ojos. —¿Ganador? —preguntó Benji sorprendido—. ¡Pero no tiene planta! Lila miró confundida. Mía observó atentamente. Entonces la maestra Olivia sonrió y dijo: —Hoy aprenderán una lección importante. Se acercó al centro del salón y explicó: —Las semillas que les di estaban cocidas. Todos quedaron sorprendidos. Ooooh! —¡No podían crecer! —dijo la maestra—. Quería saber quién tendría el valor de decir la verdad y hacer lo correcto, aun cuando fuera difícil hacerlo. Muchos de los animalitos bajaron la mirada y el salón quedó muy calladito. Entonces la maestra Olivia caminó hacia Tomy y le colocó en su cuello una medalla en forma de corazón, y expreso: —Tomy tiene algo más valioso que una planta hermosa —dijo con ternura—. Tiene un corazón sincero. Tomy sintió algo cálido dentro de su pecho. Como un abrazo. Como un rayito de sol. Entonces la maestra Olivia dijo unas palabras que todos recordarían para siempre: —Las flores son hermosas, pero un corazón honesto y que le gusta hacer lo correcto, aunque nadie lo esté viendo puede iluminar la vida de los demás. Tomy sonrió. Y sus amigos también aprendieron algo importante. Porque aquel día entendieron que decir la verdad a veces puede dar miedo… pero siempre hace que el corazón se sienta en paz. Y desde aquel día, cuando algo difícil pasaba, Tomy recordaba estas palabras: La verdad puede costar, pero ayuda a caminar. Y un corazón sincero, vale más que un jardín entero. Moraleja: Ser honesto es decir la verdad, y ser íntegro es hacer lo correcto, aunque nadie nos esté viendo. A veces decir la verdad puede dar un poquito de miedo, pero siempre trae algo bueno al corazón. Porque un corazón sincero vale más que un jardín entero o cualquier cosa que tenga precio. Fin

von CleverOtter58

Figuren

Tomy

Hauptfigur

Mamá coneja

Hauptfigur

Lila

Hauptfigur

Mia

Hauptfigur

Beji

Hauptfigur

Veröffentlichte Geschichten (1)

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