¡Achís, Juana! La Jirafa Estornudona
Juana la jirafa enferma después de una fuerte lluvia y despierta a todos con sus estornudos. Sus amigos de la selva se unen para ayudarla, buscando al mono curandero que le da una medicina natural. Juana se recupera y aprende el valor de la amistad y el cuidado mutuo.
Había una vez una jirafa llamada Juana que vivía en una selva llena de animales amigos. Le encantaba pasar sus tardes acostada en el verde pasto de la selva, estirar sus largas patas y dormir sin mañana alguno. Pero, un día, la lluvia había caído tan fuerte y el viento había soplado tan feroz, que Juana no alcanzó a refugiarse por andar en las nubes de sus sueños. Al día siguiente, Juana se sintió muy mal y comenzó a estornudar. Todos los animales de la selva se despertaron por el fuerte sonido. "¿Qué pasa?", preguntó un elefante. "¿Por qué hay tanto ruido?". Los animales, muy asustados, fueron paso a paso a ver qué pasaba. Se sorprendieron al ver que era Juana estornudando. "Juana, ¿qué te pasa?", pensábamos que en medio de nuestra selva había una gran guerra", dijo el conejo. "Lo siento, quisiera poder detener mis estornudos, pero no puedo". El elefante les dijo a los demás animales que buscaran al mono curandero, que conocía muy bien las plantas. La rana dijo: "Seguramente el mono encontrará el remedio, voy a buscarlo". El mono llegó más rápido que nunca, desplazándose entre los árboles y con algunas hierbas y otras tantas posiciones para ayudar a la jirafa. Todos los animales en silencio esperaron y esperaron... Juana abrió su boca. Los animales esperaron un estornudo con sus ojos cerrados. Mas nunca llegó. "Gracias amigos", dijo Juana. "Pensé que nunca podría hablar sin estornudar. Hace rato que no los he dejado dormir, me alegro de ver que estén preocupados por mí. A pesar de todo, ha sido una gran noche". Y así todos volvieron a su lecho y la jirafa volvió a estirar sus piernas largas, quedándose en el mundo de los sueños, seguramente soñando con todo lo que tuvo que pasar esa noche. Al día siguiente, el sol brillaba con más fuerza que nunca. Juana se despertó sintiéndose mucho mejor. Ya no estornudaba. Salió a saludar a sus amigos, quienes la recibieron con abrazos y sonrisas. "¡Juana, estás bien!", exclamó el conejo, saltando de alegría. "¡Nos tenías muy preocupados!" "Sí, estoy mucho mejor, gracias a todos ustedes", respondió Juana, con una sonrisa. "El mono curandero hizo un trabajo increíble". El elefante asintió con la cabeza. "Siempre podemos contar con el mono. Es el mejor curandero de la selva". Juana decidió que quería agradecer al mono curandero de una manera especial. Pensó y pensó, y finalmente tuvo una idea. "¡Voy a prepararle un pastel de hojas frescas!", anunció Juana. "Sé que le encantan las hojas tiernas, y yo puedo alcanzar las más altas y sabrosas". Todos los animales estuvieron de acuerdo en que era una idea maravillosa. Juana pasó la mañana recolectando las hojas más frescas y jugosas. El conejo la ayudó a limpiar las hojas, el elefante le proporcionó agua fresca, y la rana supervisó todo el proceso. Por la tarde, el pastel de hojas estaba listo. Era un pastel enorme, decorado con flores silvestres y bayas brillantes. Juana lo llevó al mono curandero, quien se puso muy contento al verlo. "¡Juana, qué pastel tan delicioso!", exclamó el mono. "No sé cómo agradecerte". "No tienes que agradecerme nada", dijo Juana. "Ustedes son mis amigos, y siempre estaré aquí para ayudarlos". El mono curandero compartió el pastel con todos los animales de la selva. Todos disfrutaron del delicioso pastel y celebraron la amistad que los unía. Esa noche, Juana se acostó a dormir sintiéndose muy feliz. Había aprendido una valiosa lección: la amistad es el mejor remedio para cualquier problema. Y sabía que siempre podía contar con sus amigos, sin importar lo que pasara. Desde ese día, Juana siempre recordaba lo importante que era cuidarse para no enfermarse, pero sobre todo, lo afortunada que era de tener amigos tan especiales que la querían y la cuidaban. Y así, Juana la jirafa, la jirafa estornudona, siguió viviendo feliz en la selva, rodeada de sus amigos animales, disfrutando de cada día y aprendiendo nuevas lecciones. Y cada vez que sentía un pequeño estornudo, recordaba la noche en que toda la selva se preocupó por ella, y sonreía agradecida.
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