¡La Casa Fuerte y los Cerditos Valientes!

A partir de: Los Tres Cerditos y el Lobo Feroz Había una vez, en un bosque grande y bonito, tres cerditos que eran hermanos. Ya eran mayores y decidieron que era hora de construir cada uno su propia casa para vivir. El Cerdito Pequeño era un poco perezoso y quería terminar rápido para irse a jugar. Hizo su casa con paja. ¡Tardó muy poquito! El Cerdito Mediano no era tan perezoso, pero tampoco quería trabajar mucho. Hizo su casa con madera. Tardó un poco más que su hermano, pero pronto pudo irse a descansar. El Cerdito Mayor era muy trabajador y sabía que era importante tener una casa fuerte. Él hizo su casa con ladrillos y cemento. Le costó mucho más trabajo, pero su casa era muy, muy sólida. Los dos cerditos pequeños se burlaban de su hermano por trabajar tanto, ¡pero él sabía lo que hacía! Un día, apareció por el bosque el Lobo Feroz, que siempre tenía mucha hambre y le encantaba comer cerditos. El Lobo fue a la casa de paja del cerdito pequeño. Llamó a la puerta: — ¡Cerdito, cerdito, déjame entrar! El cerdito, asustado, le contestó: — ¡No, no, no! ¡Por mi barbita de chancho no! El Lobo, muy enojado, gritó: — ¡Pues soplaré y soplaré, y tu casa derribaré! El Lobo sopló con todas sus fuerzas, ¡y la casa de paja salió volando! El cerdito pequeño salió corriendo muy, muy rápido hacia la casa de su hermano mediano. El Lobo persiguió al cerdito y llegó a la casa de madera. Dentro ya estaban los dos hermanos. El Lobo llamó: — ¡Cerditos, cerditos, dejen de tonterías y ábranme la puerta! Los dos cerditos le dijeron: — ¡No, no, no! ¡Por nuestras barbas no! El Lobo se puso más furioso: — ¡Pues soplaré y soplaré, y tu casa derribaré! El Lobo sopló una vez, y luego otra, y otra... La casa de madera crujió y se cayó. Los dos cerditos salieron corriendo, ¡con el Lobo pisándoles los talones! Llegaron a la casa de ladrillos del Cerdito Mayor. Los tres se metieron adentro y cerraron la puerta con llave. El Lobo llegó, muy cansado y con mucha, mucha hambre. — ¡Cerditos, cerditos, ábranme la puerta de una vez! El Cerdito Mayor, valiente, le dijo: — ¡No, no, no! ¡En esta casa no vas a entrar! El Lobo, casi sin aliento, sopló y sopló y sopló... ¡Pero la casa de ladrillos era muy fuerte y no se movió! El Lobo pensó y pensó, y se le ocurrió una idea: — ¡Ya sé! Voy a subir por el tejado y me meteré por la chimenea. El Cerdito Mayor, que era muy listo, lo escuchó. Rápidamente, puso una olla enorme con agua a calentar justo debajo de la chimenea. El Lobo se metió por la chimenea, ¡y cuando iba bajando, cayó en el agua hirviendo! — ¡Ayyyyyyy, qué quemadura! — gritó el Lobo dando un aullido terrible. Salió corriendo y saltando por el dolor, y se fue lejos, lejos, prometiéndose que nunca más volvería a molestar a los cerditos. Los tres cerditos se abrazaron, muy contentos y seguros en la casa de ladrillos. El Cerdito Pequeño y el Cerdito Mediano aprendieron la lección: es mejor trabajar con esfuerzo para tener algo bueno y seguro. Al final, ellos también construyeron sus casas de ladrillos, y los tres vivieron muy felices en paz en el bosque, ¡sin miedo al Lobo Feroz!

Tres cerditos construyen sus casas, una de paja, otra de madera y la última de ladrillo. El Lobo Feroz intenta derribar las casas, pero solo la casa de ladrillo es lo suficientemente fuerte para proteger a los cerditos del lobo hambriento, enseñándoles la importancia del trabajo duro.

Había una vez, en un bosque grande y bonito, tres cerditos que eran hermanos. Ya eran mayores y decidieron que era hora de construir cada uno su propia casa para vivir. El Cerdito Pequeño era un poco perezoso y quería terminar rápido para irse a jugar. Hizo su casa con paja. ¡Tardó muy poquito! El Cerdito Mediano no era tan perezoso, pero tampoco quería trabajar mucho. Hizo su casa con madera. Tardó un poco más que su hermano, pero pronto pudo irse a descansar. El Cerdito Mayor era muy trabajador y sabía que era importante tener una casa fuerte. Él hizo su casa con ladrillos y cemento. Le costó mucho más trabajo, pero su casa era muy, muy sólida. Los dos cerditos pequeños se burlaban de su hermano por trabajar tanto, ¡pero él sabía lo que hacía! Un día, apareció por el bosque el Lobo Feroz, que siempre tenía mucha hambre y le encantaba comer cerditos. El Lobo fue a la casa de paja del cerdito pequeño. Llamó a la puerta: — ¡Cerdito, cerdito, déjame entrar! El cerdito, asustado, le contestó: — ¡No, no, no! ¡Por mi barbita de chancho no! El Lobo, muy enojado, gritó: — ¡Pues soplaré y soplaré, y tu casa derribaré! El Lobo sopló con todas sus fuerzas, ¡y la casa de paja salió volando! El cerdito pequeño salió corriendo muy, muy rápido hacia la casa de su hermano mediano. El Lobo persiguió al cerdito y llegó a la casa de madera. Dentro ya estaban los dos hermanos. El Lobo llamó: — ¡Cerditos, cerditos, dejen de tonterías y ábranme la puerta! Los dos cerditos le dijeron: — ¡No, no, no! ¡Por nuestras barbas no! El Lobo se puso más furioso: — ¡Pues soplaré y soplaré, y tu casa derribaré! El Lobo sopló una vez, y luego otra, y otra... La casa de madera crujió y se cayó. Los dos cerditos salieron corriendo, ¡con el Lobo pisándoles los talones! Llegaron a la casa de ladrillos del Cerdito Mayor. Los tres se metieron adentro y cerraron la puerta con llave. El Lobo llegó, muy cansado y con mucha, mucha hambre. — ¡Cerditos, cerditos, ábranme la puerta de una vez! El Cerdito Mayor, valiente, le dijo: — ¡No, no, no! ¡En esta casa no vas a entrar! El Lobo, casi sin aliento, sopló y sopló y sopló... ¡Pero la casa de ladrillos era muy fuerte y no se movió! El Lobo pensó y pensó, y se le ocurrió una idea: — ¡Ya sé! Voy a subir por el tejado y me meteré por la chimenea. El Cerdito Mayor, que era muy listo, lo escuchó. Rápidamente, puso una olla enorme con agua a calentar justo debajo de la chimenea. El Lobo se metió por la chimenea, ¡y cuando iba bajando, cayó en el agua hirviendo! — ¡Ayyyyyyy, qué quemadura! — gritó el Lobo dando un aullido terrible. Salió corriendo y saltando por el dolor, y se fue lejos, lejos, prometiéndose que nunca más volvería a molestar a los cerditos. Los tres cerditos se abrazaron, muy contentos y seguros en la casa de ladrillos. El Cerdito Pequeño y el Cerdito Mediano aprendieron la lección: es mejor trabajar con esfuerzo para tener algo bueno y seguro. Al final, ellos también construyeron sus casas de ladrillos, y los tres vivieron muy felices en paz en el bosque, ¡sin miedo al Lobo Feroz!.

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Publicado el 14/04/2026

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