"¿Tienes un Bigote de Caramelo?"
Tomás, un niño curioso, le pregunta a su familia si tienen bigotes de caramelo. Al no tenerlos, su mamá sugiere hacer bigotes de caramelo para todos, resultando en una divertida actividad familiar donde crean y disfrutan de sus propios bigotes dulces.
Mamá, Papá, Sofía y Tomás vivían en una casa amarilla con un jardín lleno de flores de colores. A Tomás le encantaba hacer preguntas. Siempre estaba curioso por todo. Un día, mientras desayunaban panqueques con miel, Tomás miró a su mamá y preguntó: "Mamá, ¿tienes un bigote de caramelo?" Mamá se rió. "¡Ay, Tomás! No, no tengo un bigote de caramelo. Tengo un bigote de leche, ¡mira!" Se limpió el labio superior con una servilleta. Tomás se volvió hacia su papá. "Papá, ¿tienes un bigote de caramelo?" Papá sonrió y se frotó la barba. "Mmm, no creo que tenga un bigote de caramelo. ¡Pero tengo un bigote de café! ¿Lo ves?" Papá le enseñó su bigote manchado de café. Sofía, la hermana mayor de Tomás, estaba dibujando en su cuaderno. Tomás se acercó a ella. "Sofía, ¿tienes un bigote de caramelo?" Sofía levantó la vista de su dibujo y negó con la cabeza. "No, Tomás. Yo no tengo un bigote de caramelo. ¡Pero tengo un bigote de lápiz!" Mostró su dedo, que estaba manchado de color rosa. Tomás suspiró. "Yo quiero tener un bigote de caramelo," dijo tristemente. Mamá le dio un abrazo. "¿Sabes qué, Tomás? Podemos hacer bigotes de caramelo para todos!" Tomás saltó de alegría. "¡Sí! ¡Sí! ¡Bigotes de caramelo!" Después del desayuno, todos fueron a la cocina. Mamá sacó una olla, azúcar, mantequilla y un poco de miel. Papá ayudó a Tomás a ponerse un delantal. Sofía dejo sus dibujos para ayudar también. "Primero," dijo Mamá, "tenemos que calentar el azúcar y la mantequilla en la olla." Mamá puso la olla en la estufa y comenzó a revolver. El azúcar comenzó a derretirse y a oler delicioso. Tomás observaba con atención. "¿Ya casi está listo mi bigote de caramelo?", preguntó. "Casi, casi," respondió Mamá. "Tenemos que esperar a que se ponga de color dorado." La mezcla comenzó a burbujear y a cambiar de color. Olía aún más rico. "Ahora," dijo Mamá, "agregaremos un poco de miel para que sea aún más dulce." Puso una cucharada de miel en la olla y revolvió nuevamente. "¿Qué más *tengo* que hacer?", preguntó Tomás, ansioso por participar. "Ahora, *do you have* un plato grande y papel de hornear?", preguntó Mamá. Sofía rápidamente trajo un plato grande y papel de hornear de un cajón. Mamá extendió el papel de hornear sobre el plato. "Con cuidado, vamos a verter el caramelo derretido sobre el papel de hornear," dijo Mamá. Ella vertió la mezcla dorada sobre el papel. "Ahora, tenemos que esperar a que se enfríe y se ponga duro." Mientras esperaban, Tomás, Sofía, Mamá y Papá jugaron a las escondidas en el jardín. Se reían y corrían entre las flores. El sol brillaba y hacía calor. Después de un rato, Mamá dijo: "¡Creo que el caramelo ya está listo!" Todos regresaron a la cocina. El caramelo se había endurecido y parecía una gran lámina dorada. "Ahora, con cuidado, vamos a romperlo en pedazos," dijo Papá. Papá rompió el caramelo en pedazos pequeños. Luego, Mamá les dio a cada uno un pedazo grande. "¡Ahora viene la parte divertida!", dijo Mamá. "Vamos a mojar nuestros dedos en agua y darle forma de bigote a cada pedazo de caramelo." Todos se pusieron a trabajar. Mojaron sus dedos en agua y comenzaron a dar forma a los pedazos de caramelo. Era un poco pegajoso, pero divertido. Después de un rato, todos tenían un bigote de caramelo. Tomás tenía el bigote más grande de todos. "¡Miren! ¡Tengo un bigote de caramelo!", exclamó Tomás, orgulloso. Se puso el bigote de caramelo debajo de la nariz. Sofía también se puso su bigote de caramelo. "¡Yo también tengo un bigote de caramelo! ¡Y es delicioso!" Mamá y Papá también se pusieron sus bigotes de caramelo. Todos se miraron y se rieron. "¡Tenemos todos bigotes de caramelo!", dijo Papá. Se tomaron fotos con sus bigotes de caramelo. Luego, se sentaron en la mesa y se comieron sus bigotes de caramelo. Estaban muy dulces y deliciosos. Después de comerse los bigotes de caramelo, Tomás dijo: "¡Este fue el mejor día de todos! ¡Gracias por hacer bigotes de caramelo para todos!" Mamá le dio un beso en la frente. "De nada, Tomás. Siempre haremos cosas divertidas juntos." Tomás sonrió. Sabía que tenía la mejor familia del mundo. Y aunque no siempre *tenía* un bigote de caramelo, siempre *tenía* el amor de su mamá, su papá y su hermana. Antes de ir a la cama, Tomás le preguntó a su mamá: "¿Crees que mañana podamos hacer sombreros de chocolate?" Mamá se rió. "Tal vez, Tomás. Tal vez."
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