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Gratis · elegí una vozEl viernes pasado, ¡por fin llegó! Era el día que tanto había esperado para ir al skate park con mi patineta nueva. El sol brillaba y las rampas parecían sonreírme. Al llegar, vi a Dani, el de mi clase, ¡con su scooter! No sabía que a él también le gustaba patinar. Dani era muy bueno, hacía piruetas increíbles con su scooter, ¡saltaba y giraba en el aire! Yo lo miraba con admiración, intentando copiar algunos de sus movimientos con mi patineta.
Estuve practicando mis trucos favoritos: el "ollie" (aunque no siempre me salía) y el "kickflip" (que todavía necesitaba mucha práctica). El skate park estaba lleno de chicos y chicas patinando, cada uno a su manera, con patinetas, scooters, y hasta bicicletas BMX. Había un ambiente genial, todos se animaban y se ayudaban mutuamente.
De repente, el cielo empezó a oscurecerse. Unas nubes grises y grandes aparecieron, tapando el sol. "¡Uy, parece que va a llover!", exclamó un chico con una gorra roja. Y, efectivamente, al cabo de unos minutos, ¡empezó a llover! Primero fueron unas pocas gotas, pero luego se convirtió en un chaparrón.
Mi madre siempre me dice que debo tener cuidado con el clima. Y justo cuando empezaba a llover más fuerte, sonó mi teléfono. Era ella. "¡Hola, cariño! Está lloviendo mucho, ¿estás en el skate park? Ven a casa ahora mismo, ¡antes de que te mojes!", me dijo con voz preocupada.
"Sí, mamá, ya voy", le respondí. Guardé mi patineta rápidamente en su funda, un poco decepcionado porque la lluvia había interrumpido mi tarde de patinaje. Dani también estaba recogiendo su scooter. Nos miramos y sonreímos. "¡Qué mala suerte!", dijo él. "¡Sí!", le contesté.
Antes de irme, pensé: "¡Una última bajada!". No podía resistirme a la tentación de tirarme por la rampa más grande, la que siempre me había dado un poco de miedo. Sabía que no era lo más prudente con la lluvia, pero me sentía invencible. Subí a la rampa con mi patineta, respiré hondo y... ¡me lancé!
Al principio todo iba bien, sentía el viento en la cara y la adrenalina corriendo por mis venas. Pero de repente, ¡la patineta resbaló! La lluvia había hecho que la rampa estuviera muy deslizante. ¡Perdí el equilibrio y me caí!
¡Ay! Me dolió un poco la rodilla, pero no fue nada grave. Me levanté rápidamente, un poco avergonzado y con la ropa mojada y sucia. Dani, que todavía estaba cerca, se acercó corriendo para ver si estaba bien. "¿Estás bien?", me preguntó preocupado.
"Sí, sí, estoy bien. Solo me he dado un pequeño golpe", le aseguré. Él me ayudó a levantar la patineta y me acompañó hasta la salida del skate park. "¡Ten más cuidado la próxima vez!", me dijo sonriendo. "¡Sí, lo tendré!", le respondí.
Cuando llegué a casa, mi madre me estaba esperando en la puerta con una toalla grande. "¡Ay, hijo mío! ¡Estás empapado! Te dije que vinieras antes", me regañó cariñosamente. Me sequé el pelo y la ropa, y me puse algo seco.
Después, me senté en el sofá con una taza de chocolate caliente. Mientras miraba la lluvia caer por la ventana, pensé en mi caída en el skate park. ¡Había sido un poco imprudente! Pero también había sido divertido, a pesar de todo. Y lo mejor de todo es que había conocido a Dani, el chico de mi clase, que también era un apasionado del patinaje.
Al día siguiente, en la escuela, Dani se acercó a mí. "¿Cómo estás de la rodilla?", me preguntó. "¡Mucho mejor! Gracias por preocuparte", le dije. "¿Te gustaría patinar conmigo otro día?", me invitó. "¡Claro que sí!", le respondí emocionado.
Desde ese día, Dani y yo nos hicimos muy buenos amigos. Íbamos juntos al skate park siempre que podíamos, y nos enseñábamos trucos nuevos. Aprendí que a veces es bueno ser un poco imprudente, pero también es importante ser responsable y escuchar a tu madre. Y, sobre todo, aprendí que la amistad puede surgir en el lugar más inesperado: ¡en medio de una rampa resbaladiza y un chaparrón repentino!
Ahora, siempre reviso el pronóstico del tiempo antes de ir al skate park. Y aunque me encantan las rampas, ¡intento ser un poco más cuidadoso cuando están mojadas! Pero lo más importante es que tengo un amigo con quien compartir mi pasión por el patinaje, y eso, ¡no tiene precio!
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