
Aguacatita y La Puchaina Negra caminaban por el valle de Anekakanekulo, con los ojos brillantes de curiosidad. Hablaban de la historia del Festival de Risas, que había hecho reír a todos los aguacates. La Puchaina Negra sonreía por primera vez, con sus ojos rojos como brasas. De repente, escucharon una melodía dulce que venía de un bosque oscuro.
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