
En un pequeño pueblo lleno de flores de colores vivía la pequeña María. María era una niña muy divertida y muy carismática. Siempre tenía una sonrisa gigante y brillante en su rostro. A ella le encantaba cantar todo el día sin parar. Cantaba en la ducha y también en el jardín verde. Su voz era dulce como la miel de las abejas. Todos los pajaritos se acercaban para escuchar sus lindas canciones. Ella sentía que su corazón bailaba con cada nota. María soñaba con ser una cantante muy famosa y querida. Sus ojos brillaban como dos estrellas cuando imaginaba un escenario. Para ella, el mundo era una canción hermosa y larga. Cada mañana se despertaba con una melodía nueva en su mente. Saltaba de la cama con mucha energía y muchas ganas. El sol entraba por su ventana para saludarla con calor. María era la niña más feliz de todo el vecindario. Sus vecinos siempre decían que ella traía mucha alegría pura. Ella no necesitaba instrumentos para crear música maravillosa y especial. Sus manos aplaudían al ritmo de sus pies saltarines siempre.
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