Aimar y el Universo Perdido de Ququla
Aimar, a young boy, loses his unusual pet Ququla and his friend Jeyzer to another universe after finding a mysterious crystal sphere. They discover Ququlas true home among other creatures like him, forcing Aimar to make a difficult decision to let Ququla stay with his family, teaching them about love and letting go.

Aimar era un niño curioso, con el pelo alborotado como un nido de pájaros y una imaginación que volaba más alto que cualquier cometa. Su mejor amigo era Jeyzer, un niño igual de travieso y aventurero. Pero la verdadera alegría de Aimar era Ququla, su mascota. Ququla no era un perro, ni un gato, ni siquiera un hámster. Ququla era un... bueno, nadie sabía exactamente qué era Ququla. Tenía el tamaño de un conejo, la suavidad de una nube de algodón, y emitía un sonido parecido al de un cascabel cuando se reía. Lo más extraño de Ququla era que podía cambiar de color según su estado de ánimo. ¡Era una maravilla! Un día, mientras Aimar, Jeyzer y Ququla jugaban en el jardín, encontraron un extraño objeto brillante enterrado bajo el viejo manzano. Era una especie de esfera de cristal, con luces que parpadeaban en su interior. Aimar, siempre el primero en meterse en problemas, la cogió. En el instante en que sus dedos tocaron el cristal, un fuerte resplandor los envolvió. Cuando la luz se desvaneció, el jardín había desaparecido. Se encontraban en un lugar extraño, con árboles que brillaban con luz propia y flores que cantaban melodías suaves. Ququla, asustado, se aferró a la pierna de Aimar, cambiando de color a un verde pálido. "¿Dónde estamos?" preguntó Jeyzer, con los ojos muy abiertos. "¡No lo sé!" respondió Aimar, mirando a su alrededor con asombro. "Pero... ¡Ququla!" Ququla ya no estaba aferrado a su pierna. Estaba temblando y mirando hacia un sendero que se internaba en el bosque brillante. De repente, salió corriendo, emitiendo un sonido de cascabel muy agudo. Aimar y Jeyzer se miraron y, sin dudarlo, corrieron tras él. El sendero los llevó a un claro donde había un grupo de criaturas extrañas. Algunas tenían alas de mariposa, otras tenían escamas brillantes y otras parecían hechas de pura luz. En el centro del grupo, ¡estaba otro Ququla! Era un poco más grande que el Ququla de Aimar, y tenía un color azul intenso. El Ququla de Aimar corrió hacia el otro Ququla y comenzaron a frotarse las narices. Aimar y Jeyzer se acercaron con cautela. "¿Qué está pasando?" susurró Jeyzer. Una de las criaturas aladas se acercó a ellos. Era una criatura pequeña, con ojos grandes y brillantes. "Bienvenidos al Valle de los Quqlas," dijo con una voz suave como el viento. "Este es el hogar de todos los Quqlas. Su Ququla ha estado buscando su camino de vuelta a casa durante mucho tiempo." Aimar sintió un nudo en el estómago. ¿Significaba eso que Ququla se iba a quedar? El Ququla de Aimar se volvió hacia él y emitió un sonido triste. Aimar entendió. Ququla amaba a Aimar, pero también necesitaba estar con su familia. "¿Pero cómo llegamos aquí?" preguntó Aimar. La criatura alada señaló la esfera de cristal que Aimar todavía sostenía en su mano. "Esa es una Llave Universal. Puede abrir portales a diferentes universos. Ahora entiendes por qué no podíamos acercarnos a tu universo, el portal es inestable y solo se abre una vez. Pero ahora que Ququla a encontrado a su familia, el portal se cerrará." "¿Eso significa que Ququla tiene que quedarse?" preguntó Jeyzer, con la voz temblorosa. El Ququla de Aimar se acercó a Aimar y le lamió la mano. Luego, se volvió hacia su familia y emitió un sonido feliz. La criatura alada sonrió. "Ququla puede elegir. Pero, si él se queda, ustedes deberán regresar a su universo ahora, antes de que el portal se cierre para siempre." Aimar miró a Ququla, quien lo miraba con ojos llenos de amor. Aimar sabía lo que tenía que hacer. "Está bien," dijo Aimar, con la voz entrecortada. "Ququla debe quedarse aquí. Este es su hogar." Jeyzer abrazó a Aimar. Ambos sabían que era lo correcto, aunque doliera. La criatura alada los guio de vuelta al sendero. Al final del sendero, la esfera de cristal brillaba intensamente. "Tomen la esfera," dijo la criatura. "Los llevará de vuelta a casa." Aimar abrazó a Ququla una última vez. "Te voy a extrañar mucho, amigo," susurró. Ququla respondió con un sonido suave y luego se unió a su familia. Aimar y Jeyzer tomaron la esfera y sintieron el mismo resplandor que los había traído allí. Cuando la luz se desvaneció, estaban de vuelta en el jardín, bajo el viejo manzano. La esfera de cristal se había desvanecido. El jardín parecía el mismo, pero algo había cambiado. Aimar y Jeyzer se sentían un poco más tristes, pero también un poco más sabios. Habían aprendido que a veces, amar a alguien significa dejarlo ir. Y aunque extrañaban mucho a Ququla, sabían que estaba donde debía estar, con su familia, en el Valle de los Quqlas. Aimar y Jeyzer siguieron jugando en el jardín, recordando las aventuras que habían vivido con Ququla. Y cada vez que veían un arcoíris, pensaban en los colores cambiantes de su amigo perdido, y sabían que, en algún lugar de un universo lejano, Ququla también los recordaba.
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