Caperucita Cañera y el Puma Panadero
Caperucita Cañera, en lugar de una canasta, lleva tortas fritas a su abuela en la meseta. En su camino, es engañada por ovejas y se encuentra con un conejo asustado por el Puma Panadero, quien roba zanahorias para hacer pan. Caperucita Cañera, con valentía, confronta al puma, descubriendo que su abuela le enseñó a hornear y juntos, hornean un delicioso pan de zanahoria.
En lo alto de la árida meseta, donde el viento silba canciones antiguas y el sol pinta las rocas de rojo y ocre, vivía una abuela fuerte y sabia llamada Doña Eulalia. Caperucita Cañera, su nieta, era una niña valiente con trenzas tan negras como la noche y ojos que brillaban como estrellas. En lugar de una canasta, Caperucita Cañera llevaba una pila humeante de tortas fritas, hechas con la receta secreta de su abuela. Iba a visitarla, no por enfermedad, sino porque Doña Eulalia había prometido enseñarle a tejer ponchos con lana de llama. El camino a la casa de Doña Eulalia era largo y serpenteante. Al principio, Caperucita Cañera caminaba alegremente, cantando coplas que había aprendido de su abuelo. Pero pronto, la soledad de la meseta comenzó a pesarle. De repente, ¡BEEP! Tres ovejas lanudas, blancas como nubes, bloquearon su camino. "¡Hola!" saludó Caperucita Cañera. "¿Saben dónde vive Doña Eulalia?" Las ovejas, con sus balidos suaves, le indicaron un sendero que no era el correcto. "Por aquí llegarás más rápido," baló la oveja más grande, guiñando un ojo (bueno, casi guiñando, ¡las ovejas no guiñan!). Caperucita Cañera, aunque un poco desconfiada, decidió seguirlas. Después de todo, ¿qué daño podrían hacer tres ovejas? Caminaron un buen rato hasta que, en lugar de la casa de Doña Eulalia, se encontraron con un campo lleno de cardos espinosos. ¡Las ovejas se habían burlado de ella! "¡Tramposas!" exclamó Caperucita Cañera, pero las ovejas ya habían desaparecido, dejando solo un rastro de lana en el viento. La niña, decidida a no rendirse, retomó el camino correcto. Poco después, un conejo de orejas largas y bigotes temblorosos saltó frente a ella. El conejo, llamado Rabanito, parecía muy asustado. "¿Qué te pasa, Rabanito?" preguntó Caperucita Cañera. "¡El Puma Panadero!" chilló Rabanito. "¡Está robando zanahorias y haciendo pan dulce con ellas! ¡Quiere ser el mejor panadero de la meseta!" Caperucita Cañera frunció el ceño. Un puma panadero sonaba ridículo, pero robar zanahorias no estaba bien. "¿Dónde está?" preguntó con valentía. Rabanito la guio hasta una cueva humeante, de donde salía un delicioso olor a pan dulce. Asomándose con cuidado, Caperucita Cañera vio a un enorme puma con un gorro de cocinero, amasando una masa pegajosa. "¡Eh, Puma!" gritó Caperucita Cañera. "¡Devuelve las zanahorias! ¡Robar no está bien!" El Puma Panadero se sobresaltó y dejó caer el rodillo. "¿Quién anda ahí?" rugió con voz ronca. Caperucita Cañera entró en la cueva, decidida a enfrentarlo. "Soy Caperucita Cañera, y vengo a defender las zanahorias de los conejos!" El Puma Panadero la miró con curiosidad. "¿Caperucita Cañera? ¿La nieta de Doña Eulalia? ¡Pero si yo conozco a tu abuela! ¡Ella me enseñó a hornear pan!" Caperucita Cañera se sorprendió. "¿Doña Eulalia te enseñó a hornear?" El Puma Panadero asintió con la cabeza. "Sí, pero no soy muy bueno. Siempre se me quema un poco. Por eso uso las zanahorias, para darle un toque especial." Caperucita Cañera sonrió. "Tal vez yo pueda ayudarte. Tengo tortas fritas para compartir, y quizás, si nos haces probar tu pan de zanahoria, te podamos dar algunos consejos." El Puma Panadero, avergonzado por su robo, aceptó la oferta. Juntos, Caperucita Cañera, el Puma Panadero y Rabanito el conejo, hornearon un delicioso pan de zanahoria que fue la sensación de la meseta. Caperucita Cañera llegó a la casa de Doña Eulalia con las tortas fritas un poco frías, pero con una nueva amistad y una historia increíble que contar. Y el Puma Panadero, gracias a la ayuda de sus nuevos amigos, se convirtió en el mejor panadero de la meseta, sin necesidad de robar zanahorias a nadie.
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