Emely y el Monstruo de la Guardería
Emely tiene miedo de ir al kinder debido a un miedo que llama el "Monstruo de la Guardería". Con la ayuda de su mamá, Emely dibuja a su monstruo, lo hace menos aterrador y aprende a enfrentar sus miedos, descubriendo que el kinder puede ser divertido.
Emely tenía miedo de ir al kinder. No era un miedo pequeño, como el que sentía cuando veía una araña. Era un miedo grande, peludo y con dientes, un miedo que ella llamaba el "Monstruo de la Guardería". Cada mañana, cuando su mamá le decía "¡Vamos al kinder!", el Monstruo de la Guardería salía de su escondite, generalmente debajo de su cama. Le apretaba el estómago, le hacía sudar las manos y le llenaba la cabeza de preguntas aterradoras: "¿Y si no le gusta a nadie?", "¿Y si no sabe jugar?", "¿Y si se pierde?". Una mañana, Emely se escondió detrás del sillón. "¡No quiero ir!", gritó, con los ojos llenos de lágrimas. "¡El Monstruo de la Guardería me da mucho miedo!". Su mamá se sentó a su lado y la abrazó fuerte. "¿El Monstruo de la Guardería?", preguntó con suavidad. "¿Qué te hace sentir ese monstruo?". Emely explicó, con la voz temblorosa, todo lo que le preocupaba. Su mamá escuchó con atención, sin interrumpirla. Cuando Emely terminó, le dijo: "Cariño, todos sentimos miedo a veces, especialmente cuando vamos a un lugar nuevo. Pero a veces, los monstruos solo son miedos disfrazados". Le propuso un juego. Le pidió a Emely que dibujara al Monstruo de la Guardería. Emely lo dibujó grande, negro y con unos dientes enormes. Su mamá le sugirió que le pusieran un nombre. Emely lo pensó un poco y lo llamó "Gruñón". Luego, su mamá le dijo: "Ahora, vamos a hacer a Gruñón más pequeño y menos aterrador". Juntas, le dibujaron un gorro de cumpleaños, le pintaron los dientes de colores y le pusieron un gran lazo rosa en el cuello. Gruñón ya no daba tanto miedo. "¿Sabes qué?", dijo la mamá de Emely. "Creo que Gruñón en realidad tiene miedo de quedarse solo en casa. Tal vez… ¿podríamos llevarlo con nosotras al kinder?". Emely sonrió. La idea era extraña, pero le gustó. Así que tomaron el dibujo de Gruñón y lo metieron en la mochila de Emely. Cuando llegaron al kinder, Emely se aferró a la mano de su mamá. En la puerta, vio a otros niños jugando y riendo. El Monstruo de la Guardería, o mejor dicho, Gruñón, volvió a apretarle el estómago. Su mamá se arrodilló frente a ella. "Recuerda, Emely", le dijo. "Gruñón está contigo. Y si tienes miedo, solo tienes que respirar hondo y pensar en algo que te guste. ¿Qué te gusta hacer?". "Me gusta dibujar", respondió Emely. "Entonces, puedes dibujar. O puedes jugar con los bloques. O puedes escuchar un cuento. Siempre habrá algo que te guste hacer aquí". Emely respiró hondo y entró al kinder. Al principio, se quedó cerca de la maestra, observando a los demás niños. Vio a una niña construyendo una torre con bloques y sintió curiosidad. Respiró hondo, recordando a Gruñón en su mochila, y se acercó a la niña. "¿Puedo ayudarte?", preguntó tímidamente. La niña sonrió y le dijo: "¡Claro! Necesitamos una torre muy alta". Emely comenzó a colocar bloques con la niña. Poco a poco, se olvidó de Gruñón y de su miedo. Se reía y hablaba con la niña, disfrutando de la construcción de la torre. Cuando llegó la hora de la merienda, Emely se sentó con otros niños y comió una manzana. Después, jugaron a las escondidas en el patio. Emely corrió, rió y se divirtió mucho. Al final del día, cuando su mamá vino a buscarla, Emely corrió a abrazarla. "¡Me divertí mucho, mamá!", exclamó. "Construí una torre gigante y jugué a las escondidas". "¿Y qué pasó con Gruñón?", preguntó su mamá, guiñándole un ojo. Emely buscó en su mochila el dibujo de Gruñón. Lo sacó y lo miró. Gruñón ya no parecía tan aterrador. De hecho, parecía un poco triste. "Creo que Gruñón también se divirtió", dijo Emely. "Pero creo que… ya no lo necesito tanto". Esa noche, Emely guardó el dibujo de Gruñón en una caja debajo de su cama. Sabía que el Monstruo de la Guardería, o mejor dicho, sus miedos, a veces volverían. Pero ahora sabía que podía enfrentarlos, que podía hacer a Gruñón más pequeño y menos aterrador, y que, sobre todo, podía divertirse en el kinder. Y al día siguiente, Emely fue al kinder sin miedo, ¡y hasta con una sonrisa!
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