
La lucecita de Alma y su farolito
Había una vez una niña llamada Alma que vivía en un lugar lleno de árboles altos y hojas de muchos colores. Era otoño, y el suelo parecía una alfombra mágica de tonos amarillos, naranjos y rojos. A Alma le encantaba salir a explorar. Caminaba sobre las hojas y escuchaba: crunch, crunch… —¡Parece música! —decía feliz. Le gustaba tocar las hojas, algunas eran suaves, otras ásperas. Algunas estaban frías y otras tibias cuando el sol las tocaba. Alma observaba todo con mucha atención, porque sentía que el mundo tenía muchos secretos por descubrir. Un día, mientras caminaba, encontró una hoja dorada que brillaba suavemente. —¿Por qué brillas así? —preguntó. La hoja respondió: —Porque tengo luz interior… igual que tú. Alma abrió grande los ojos. —¿Yo también tengo una luz? —Sí —dijo la hoja—. Es una luz que crece cuando exploras, cuando creas, cuando cantas… y cuando compartes con otros. Alma sonrió. —Entonces quiero que mi luz crezca mucho. Al día siguiente, Alma salió a explorar otra vez. Pero esta vez llevó algo especial: un pequeño farolito. Lo encendió y comenzó a cantar: Yo voy con mi farolito, y mi farolito conmigo. Arriba lucen estrellas, abajo yo y mi amigo. Mientras cantaba, caminaba despacito, mirando cómo su farolito iluminaba las hojas en el suelo. —Mi luz también puede iluminar —dijo. El viento comenzó a soplar… Alma movió su cuerpo lentamente, como una hoja cayendo. Luego más rápido, como el viento fuerte. —Puedo moverme con la música —dijo riendo. Siguió cantando: La vela se apagó, a casa voy yo, rapi de rapa me rapo. Qué bella es mi luz, la puedes ver tú, rapi de rapa me rapo. Alma jugaba con su voz: a veces cantaba suave, a veces fuerte, a veces rápido, a veces lento. —¡Mi voz también es música! —dijo. Luego decidió crear algo. Juntó hojas, ramitas y piedritas. Con mucho cuidado, armó una figura en el suelo. —Estoy haciendo arte con la naturaleza —dijo orgullosa. Miró su farolito, su creación y el lugar donde estaba… y sintió un calorcito en su pecho. —Es mi luz… está creciendo —susurró. Pasaron los días… y poco a poco el otoño comenzó a cambiar. Las hojas desaparecieron de los árboles, el viento se volvió más frío y el cielo se veía distinto. —Todo cambió… —dijo Alma. La hoja dorada apareció entre los arboles: —Sí, llegó el invierno. Alma miró su farolito. —¿Y mi luz? —Tu luz no se apaga —respondió la hoja—. Aunque cambien las estaciones, tú sigues creciendo, aprendiendo y descubriendo. Alma pensó en todo lo que había hecho: Explorar, cantar, crear y sentir. Entonces tomó su farolito y volvió a cantar: Yo voy con mi farolito, y mi farolito conmigo… Y entendió algo muy importante: Que su luz interior siempre estaba con ella. Que cada vez que exploraba, aprendía algo nuevo. Que la música y el arte la ayudaban a expresar lo que sentía. Y que crecer significa cambiar… pero también descubrir. Desde ese día, Alma siguió explorando el mundo, cantando con su farolito y creando con lo que encontraba. Porque sabía que, aunque el invierno fuera frío… su luz interior siempre la acompañaría.
par SunnyPhoenix42
personnages
Alma
ProtagonisteHumana · curiosa
Niña con ropa abrigada
Hoja dorada
Secondaireplanta · sabio
hoja de arbol color dorado
Histoires publiées (1)
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