¡Ay, No! El Día Mojado de Tomás
Tomás se cae al río y se pone a llorar porque está mojado y con frío. Un conejo llamado Orejotas lo ayuda a secarse y juntos viven una aventura en el bosque en busca del sol. Tomás aprende sobre la amistad y a superar los obstáculos.

Había una vez un niño llamado Tomás que amaba explorar. Vivía en un pequeño pueblo rodeado de campos verdes y un río cristalino. A Tomás le encantaba visitar el río, observar los peces nadando y escuchar el canto de los pájaros. Un día soleado, Tomás decidió dar un paseo junto al río. Llevaba sus botas favoritas, las rojas con estrellas amarillas, y una red de pesca para intentar atrapar algún pececillo curioso. Mientras caminaba, Tomás tarareaba una canción alegre. Estaba tan absorto en su música que no se dio cuenta de que el camino se volvía resbaladizo. De repente, ¡zas! Tomás resbaló en una piedra cubierta de musgo y cayó al agua con un chapuzón enorme. El agua estaba fría y le salpicó la cara. ¡Plaf! Tomás se sentó en el agua, sintiendo el frío calarle los huesos. Sus botas rojas estaban completamente empapadas y la red de pesca flotaba a su lado. Empezó a llorar. "¡Buuuuaaaa! ¡Estoy mojado! ¡Y tengo frío!" Las lágrimas corrían por sus mejillas mezclándose con las gotas de agua del río. Un amable conejo de orejas largas, que estaba comiendo una zanahoria cerca, escuchó el llanto de Tomás. Se acercó saltando y le preguntó: "¿Qué te pasa, pequeño? ¿Por qué lloras?" Tomás, sollozando, le contó al conejo lo que había sucedido. "Me caí al río y estoy todo mojado", dijo con la voz temblorosa. El conejo, cuyo nombre era Orejotas, sonrió con simpatía. "¡No te preocupes! A todos nos pasa alguna vez. Lo importante es no rendirse y encontrar una solución", dijo Orejotas. Orejotas pensó por un momento y luego dijo: "¡Tengo una idea! Podemos ir a buscar al sol. El sol es muy bueno secando cosas". Tomás se secó las lágrimas con la manga de su camisa mojada. "¿Al sol? ¿Pero dónde está el sol?", preguntó. "El sol está en lo alto, en el cielo", respondió Orejotas. "Pero para llegar a él, primero debemos cruzar el bosque. ¿Estás listo para una aventura?" Tomás, aunque todavía estaba un poco tembloroso, asintió con entusiasmo. La idea de una aventura sonaba mucho mejor que quedarse sentado en el agua fría. Se levantó, recogió su red de pesca y, junto con Orejotas, se adentró en el bosque. El bosque estaba lleno de árboles altos y frondosos. Los pájaros cantaban melodías alegres y las ardillas correteaban entre las ramas. Orejotas, que conocía el bosque como la palma de su mano, guio a Tomás a través de senderos sinuosos y pequeños arroyos. Después de un rato, llegaron a un claro donde el sol brillaba con fuerza. "¡Mira, Tomás! ¡Aquí está el sol!", exclamó Orejotas. Tomás se quedó mirando el sol, sintiendo su calor reconfortante en su piel mojada. Se quitó las botas rojas y las extendió en una roca para que se secaran. También extendió su camisa y sus pantalones. Luego, se sentó junto a Orejotas, disfrutando del calor del sol. Mientras esperaban que la ropa se secara, Orejotas le contó a Tomás historias divertidas sobre el bosque y sus habitantes. Le habló de la familia de búhos que vivía en el árbol más alto, de los traviesos mapaches que robaban fresas y de la sabia tortuga que conocía todos los secretos del bosque. Tomás escuchó atentamente las historias de Orejotas y se olvidó por completo de que estaba mojado y con frío. El sol hizo su magia y, en poco tiempo, su ropa y sus botas estaban completamente secas. Tomás se puso de nuevo sus botas rojas y su ropa. Se sentía mucho mejor, no solo porque estaba seco, sino también porque había hecho un nuevo amigo y había vivido una emocionante aventura. "¡Gracias, Orejotas!", dijo Tomás con una sonrisa. "Me has ayudado mucho". "De nada, Tomás", respondió Orejotas. "Siempre estoy aquí para ayudarte. Y recuerda, incluso cuando las cosas se ponen difíciles, siempre hay una solución. Y a veces, ¡la solución está en el sol!" Tomás y Orejotas regresaron juntos al río. Tomás aprendió una valiosa lección ese día. Aprendió que a veces las cosas no salen como las planeamos, pero que siempre podemos encontrar una manera de superar los obstáculos. Y lo más importante, aprendió que la amistad puede hacer que incluso los días más mojados sean un poco más brillantes. Desde ese día, Tomás y Orejotas se hicieron los mejores amigos y siguieron explorando el bosque y el río juntos, siempre listos para una nueva aventura, sin importar el clima. Y Tomás siempre recordaba tener cuidado con las piedras resbaladizas. FIN
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