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Gratis · elegí una vozMi tuto, Osito Perezoso, y yo somos inseparables. Me acompaña a dormir todas las noches. Su pelaje suave me da cosquillas en la mejilla y su olor a lavanda me arrulla hasta quedarme dormido. Pero hoy, ¡no lo puedo encontrar! Estoy muy triste y no puedo dormir. Osito Perezoso es mi mejor amigo.
"¡Osito Perezoso!" grito, con la voz temblorosa. No hay respuesta. Las lágrimas empiezan a resbalar por mis mejillas. Necesito encontrarlo. No puedo imaginar pasar la noche sin él.
Decido buscarlo por toda la casa. Empiezo por mi habitación. Levanto las sábanas de mi cama, reviso debajo de la almohada, incluso miro dentro del armario, ¡pero nada! Osito Perezoso no está ahí.
Con el corazón apesadumbrado, me dirijo al salón. Quizás se ha escondido detrás del sofá. Me agacho y miro con atención. ¡Tampoco está! Busco entre los cojines, debajo de la mesa de centro, incluso detrás de la cortina. Sigo sin encontrar a mi querido Osito Perezoso.
Siento que la desesperación me invade. ¿Dónde podrá estar? Se me ocurre buscar en la cocina. A veces, cuando mamá cocina, me siento en el suelo con Osito Perezoso y jugamos a que somos chefs. Reviso debajo de la mesa, detrás de las sillas, incluso dentro del cesto de la ropa sucia (¡aunque sé que Osito Perezoso nunca se metería ahí!). ¡Sigue sin aparecer!
Mi búsqueda me lleva al cuarto de baño. ¿Podría haberse caído al lavabo? ¡No, eso es imposible! Osito Perezoso es demasiado listo para eso. Miro detrás de la puerta, dentro del cesto de la ropa, incluso detrás de las toallas. ¡Nada de nada!
Ya casi me doy por vencido. Estoy a punto de echarme a llorar cuando se me ocurre un último lugar para buscar: ¡el jardín! A veces, salimos a jugar al jardín y dejamos a Osito Perezoso en la hamaca para que tome el sol.
Abro la puerta del jardín y miro a mi alrededor. El sol ya se está poniendo y las sombras se alargan. ¡Allí! ¡Lo veo! ¡Está en la hamaca! Pero… ¡algo no está bien!
Me acerco corriendo a la hamaca y veo que Osito Perezoso está envuelto en una telaraña gigante. ¡Una araña enorme está tejiendo su tela alrededor de él! ¡Oh, no! ¡Tengo que salvarlo!
Con mucho cuidado, me acerco a la araña. Es más grande de lo que jamás he visto. Tiene ocho ojos brillantes y unas patas peludas que me dan escalofríos. Pero no puedo tener miedo. Tengo que salvar a Osito Perezoso.
"¡Eh, tú!" le digo a la araña, con la voz temblorosa pero firme. "¡Deja a mi amigo en paz!"
La araña se detiene y me mira fijamente. Parece sorprendida de que me atreva a hablarle.
"Este es mi hogar", dice la araña con una voz rasposa. "Y este oso es perfecto para mi cena."
"¡No!" grito. "Osito Perezoso es mi amigo. No puedes comértelo."
"¿Por qué no?" pregunta la araña. "Es suave y tiene un olor delicioso."
Pienso rápidamente. "Porque... porque... ¡es alérgico a las arañas! Si lo comes, te pondrás muy enferma."
La araña se lo piensa por un momento. No parece muy convencida. Pero finalmente, suspira.
"Está bien", dice la araña. "No me lo comeré. Pero tienes que prometerme algo."
"¿Qué?" pregunto.
"Tienes que prometerme que me traerás otro amigo peludo para que no me sienta tan sola", dice la araña.
Pienso un momento. No estoy seguro de querer traerle otro amigo peludo, pero quiero salvar a Osito Perezoso.
"Está bien", digo. "Te lo prometo. Te traeré otro amigo peludo mañana."
La araña sonríe (o al menos eso creo, es difícil saberlo con tantas patas). Se aparta de la hamaca y me permite liberar a Osito Perezoso.
Lo abrazo con fuerza. ¡Estoy tan feliz de tenerlo de vuelta! Está un poco pegajoso por la telaraña, pero eso no importa.
Llevo a Osito Perezoso de vuelta a casa y lo meto en la lavadora. Mientras tanto, busco otro juguete peludo para la araña. Encuentro un viejo peluche de un unicornio llamado Brillantina. Espero que a la araña le guste.
Al día siguiente, llevo a Brillantina al jardín y lo dejo cerca de la telaraña. La araña parece muy contenta.
Esa noche, vuelvo a dormir con Osito Perezoso. Esta vez, lo abrazo aún más fuerte. Estoy muy agradecido de tenerlo como mi amigo. Y aunque la araña sea un poco espeluznante, me alegro de haber podido ayudarla a encontrar un nuevo amigo también. Ahora, tanto Osito Perezoso como yo, podemos dormir tranquilos, sabiendo que todos tenemos un amigo. ¡Y que las arañas no comen ositos alérgicos!
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