¡El Arcoíris de Mateo: Descubriendo mis Sentimientos!
Mateo, un niño de primer grado autista, aprende a identificar y expresar sus emociones a través de colores. Con la ayuda de su maestra Sofía, descubre que cada sentimiento, como la felicidad (amarillo), la tristeza (azul), el enojo (rojo) y el sentirse abrumado (gris), es válido. Mateo comprende que está bien pedir ayuda y que todos sus sentimientos lo hacen único, como un arcoíris.
Mateo era un niño de primer grado al que le encantaban los arcoíris. Le gustaba cómo cada color tenía su propio brillo y cómo todos juntos formaban algo hermoso y especial. Pero a veces, Mateo sentía que dentro de él también había muchos colores, ¡y no siempre sabía cómo manejarlos! Un día, en la escuela, la maestra Sofía les pidió a los niños que dibujaran cómo se sentían. Mateo se sintió confundido. "¿Cómo puedo dibujar cómo me siento?", pensó. A Mateo le gustaba mucho dibujar trenes, pero no sabía cómo dibujar la sensación de cuando las cosas eran muy ruidosas y brillantes y hacían que quisiera esconderse. Sofia notó que Mateo parecía preocupado. Se acercó y se sentó a su lado. "Mateo, ¿qué te pasa?", preguntó con una voz suave. Mateo, con su voz bajita, le dijo: "No sé cómo dibujar cómo me siento. A veces me siento… diferente". Sofía sonrió. "Entiendo, Mateo. A veces todos nos sentimos diferentes. ¿Sabes qué? Podemos pensar en los sentimientos como colores. ¿Qué color te hace sentir feliz?" Mateo pensó un momento. "¡Amarillo! El amarillo me hace sentir feliz como el sol", respondió con una pequeña sonrisa. "¡Perfecto! Entonces, el amarillo puede representar la felicidad. ¿Y qué color te hace sentir triste?", preguntó Sofía. "Azul… como cuando se rompe mi tren favorito", dijo Mateo, con los ojos un poco aguados. "Azul para la tristeza. ¡Muy bien! ¿Y qué color te hace sentir… enojado?", continuó Sofía. Mateo frunció el ceño. "Rojo… como cuando alguien toma mis bloques sin preguntar". "¡Rojo para el enojo! Ahora, Mateo, puedes usar estos colores para dibujar cómo te sientes. No tienes que dibujar un tren si no quieres. Puedes dibujar manchas de colores, líneas… ¡lo que quieras!", explicó Sofía. Mateo tomó sus crayones. Primero, dibujó un gran círculo amarillo para la felicidad que sentía cuando jugaba con su hermana. Luego, dibujó una pequeña mancha azul para la tristeza que sintió cuando se cayó su helado. Después, dibujó unas líneas rojas puntiagudas para el enojo que sintió cuando alguien le empujó en la fila del almuerzo. Pero también sentía… algo más. A veces, Mateo se sentía… abrumado. Como si hubiera demasiadas cosas sucediendo a la vez. No sabía qué color usar para eso. Sofía vio que Mateo estaba pensando mucho. "¿Hay algún otro color que necesites, Mateo?", preguntó. Mateo asintió. "A veces me siento… como si hubiera mucho ruido y muchas luces y quiero esconderme. No sé qué color es eso". Sofía sonrió comprensivamente. "Eso puede ser… gris. El gris es el color que sentimos cuando estamos abrumados y necesitamos un descanso. Es importante saber que está bien sentirse gris a veces, Mateo. Todos lo sentimos. Y cuando te sientas gris, puedes pedir ayuda. Puedes pedir un abrazo, o puedes ir a un lugar tranquilo, o puedes simplemente cerrar los ojos y respirar profundo". Mateo dibujó una gran mancha gris en su papel. Se sentía bien tener un color para eso. Se sentía bien saber que no estaba solo. Esa tarde, cuando Mateo llegó a casa, su mamá le preguntó cómo le había ido en la escuela. Mateo le mostró su dibujo. "¡Mira, mamá! Este es mi arcoíris de sentimientos. Amarillo es felicidad, azul es tristeza, rojo es enojo y gris es… cuando necesito un descanso", explicó Mateo. La mamá de Mateo lo abrazó fuerte. "¡Qué hermoso arcoíris, mi amor! Estoy muy orgullosa de ti por aprender a reconocer tus sentimientos. Y recuerda, siempre estoy aquí para ayudarte a encontrar tus colores, incluso el gris". Desde ese día, Mateo comenzó a prestar más atención a sus sentimientos. Cuando se sentía rojo, respiraba profundo y contaba hasta diez. Cuando se sentía gris, pedía un abrazo o se iba a su rincón tranquilo con sus trenes. Y cuando se sentía amarillo, ¡sonreía y compartía su alegría con los demás! Mateo aprendió que todos los colores de sus sentimientos eran importantes, incluso el gris. Y que, como un arcoíris, todos juntos hacían que fuera único y especial. Y lo más importante, aprendió que siempre podía pedir ayuda cuando lo necesitaba. Porque incluso el arcoíris más brillante necesita un poco de lluvia a veces.
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