¡Marisa y el Volcán de las Emociones!
Marisa, una rana, se enfada y se comporta mal con sus amigos. Aprende un truco llamado PARA, PIENSA Y PINTA para controlar su ira y luego lo usa para ayudar a otros en el estanque a resolver sus conflictos de manera pacífica, convirtiéndose en una consejera.
Era un día hermoso en el estanque. El sol brillaba y Marisa, la rana de nuestra aula, saltaba de alegría. Estaba jugando con sus amigos, Tito el pez, Lisa la mariposa y Pipo el caracol. Todos reían y se divertían juntos. Pero, de repente, algo inesperado ocurrió. Mientras jugaban al escondite, Tito empujó sin querer a Marisa, y ella se cayó en un charco de barro. ¡Fue entonces cuando un gran enfado surgió en su corazón! ¡Marisa se volvió roja como un volcán! En lugar de hablar con sus amigos, empezó a gritar: “¡No me toquen! ¡Déjenme en paz!” Sin pensarlo dos veces, rompió una hoja que estaba cerca y hasta le dio un pequeño golpe a Pipo. Los amigos de Marisa miraron asustados. No entendían por qué su amiga estaba tan enojada. Intentaron calmarla, pero Marisa estaba fuera de control. Se sentía como un volcán a punto de erupcionar. Sin embargo, todo lo que hizo fue hacer que sus amigos se alejaran. En su corazón, Marisa empezaba a sentir un pequeño remordimiento, pero no sabía qué hacer. Entonces, apareció Lucy, una amiguita que siempre tenía buenos consejos. Con una sonrisa, se acercó a Marisa y le dijo: “Marisa, yo conozco un truco que te ayudará. Se llama las 3 P: PARA, PIENSA Y PINTA”. Marisa, sorprendida, paró en seco. Se detuvo y respiró hondo, como si quisiera calmar la lava que ardía en su interior. “¿Qué significa eso?” preguntó. “Primero, PARA. Deténgase un momento”, dijo Lucy. Marisa hizo una pausa y se sentó en el borde del estanque. “Ahora, PIENSA. ¿Qué te hizo sentir así?” continuó Lucy. Marisa empezó a reflexionar. Se dio cuenta de que Tito no quería hacerle daño. Se sintió un poco más tranquila. “Y por último, PINTA. Toma colores y dibuja lo que sientes,” sugirió Lucy. Marisa buscó algunos lápices de colores en su mochila. Mientras dibujaba una rana sonriente y un pez amigable, su enojo se desvaneció como las nieblas de la mañana. Al finalizar su dibujo, Marisa sonrió. Se dio cuenta de que podía hablar con Tito y disculparse. Se acercó a su amigo y le dijo: “Lo siento, Tito. No quería enojarme.” Tito le sonrió y aceptó sus disculpas. Desde ese día, Marisa aprendió que a veces es mejor para, pensar y pintar en lugar de dejarse llevar por el enfado. Y así, el día del volcán se convirtió en el día de la amistad. ¡Y vivieron felices en el estanque! Pero la historia no termina aquí. Un día, mientras Marisa jugaba con sus amigos, vio a un nuevo grupo de ranitas discutiendo. Se estaban peleando por un lirio muy bonito que había florecido en el estanque. Cada ranita quería el lirio para sí misma, y la discusión se estaba volviendo muy acalorada. Marisa recordó el día en que ella misma se había enfadado mucho y cómo Lucy la había ayudado. Con valentía, Marisa se acercó a las ranitas que discutían. “¡Hola!”, dijo con una sonrisa. “Veo que están un poco enfadadas. ¿Puedo ayudar?” Las ranitas la miraron con desconfianza. Una de ellas respondió: “¡Queremos este lirio, pero todas lo queremos para nosotras!” Marisa asintió con la cabeza. “Entiendo. ¿Han probado a usar las 3 P?” Las ranitas se miraron entre sí, confundidas. “¿Las 3 P? ¿Qué es eso?” Marisa les explicó el truco que Lucy le había enseñado. “Primero, PARA. Deténganse un momento y respiren hondo. Segundo, PIENSA. ¿Qué es lo que realmente quieren? Y tercero, PINTA. Si no tienen colores, pueden dibujar con la imaginación. Imaginen cómo se sentirían si todas pudieran disfrutar del lirio juntas.” Las ranitas hicieron lo que Marisa les sugirió. Pararon, pensaron y empezaron a imaginar. Después de un rato, una de ellas dijo: “¡Podríamos turnarnos para sentarnos en el lirio!” Otra ranita añadió: “¡O podríamos compartir el lirio y usarlo como mesa para un picnic!” Las ranitas sonrieron y se dieron cuenta de que había muchas maneras de disfrutar del lirio juntas. Se pusieron de acuerdo en compartirlo y se sintieron mucho mejor. Marisa estaba muy contenta de haber podido ayudar. Se dio cuenta de que el truco de las 3 P no solo funcionaba para ella, sino que también podía ayudar a otros a controlar sus emociones. Desde ese día, Marisa se convirtió en la consejera del estanque. Cada vez que alguien se sentía enfadado o frustrado, Marisa les recordaba las 3 P: PARA, PIENSA Y PINTA. Y así, el estanque se convirtió en un lugar aún más feliz y armonioso, donde todos aprendieron a manejar sus emociones y a resolver sus problemas de manera pacífica. Marisa, la ranita que una vez fue un volcán, se convirtió en un faro de paz y amistad para todos los habitantes del estanque. ¡Y vivieron felices para siempre!
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