Nergal, el Dios Gruñón (¡Pero No Tanto!)

A partir de: dios nergal un dios oscuro con un poco de humor

Nergal, the grumpy god of the underworld, reluctantly helps a forgetful soul named Lila find her way to the Garden of Memories. Along the way, he tells silly jokes and secretly enjoys Lilas laughter, realizing that being a little kind isnt so bad after all. He remains the god of the underworld, but a little less grumpy thanks to Lilas visit.

En las profundidades de un reino sombrío, donde las sombras bailaban y las luciérnagas eran esmeraldas parpadeantes, vivía Nergal. Nergal no era el típico dios alegre y bonachón. Era el dios del inframundo, un trabajo que, para ser honestos, lo tenía un poco… gruñón. Tenía una barba larga y negra que le llegaba hasta las rodillas, un ceño fruncido perpetuo y una voz que sonaba como el crujido de hojas secas bajo los pies. Pero, secretamente, Nergal tenía un lado suave. Le encantaba el humor (aunque fuera un humor un poco… oscuro) y, a pesar de su apariencia imponente, se preocupaba profundamente por las almas que estaban bajo su cuidado. Solo que nunca lo demostraba. ¡Era un dios, después de todo! Tenía una reputación que mantener. Un día, una pequeña alma llamada Lila llegó al inframundo. Lila era una niña muy curiosa y valiente, pero también muy… olvidadiza. Había olvidado cómo llegar al Jardín de los Recuerdos, un lugar hermoso donde las almas podían revivir sus momentos más felices. Estaba perdida y asustada. Nergal, observándola desde su trono de obsidiana, suspiró. "Otra alma perdida," murmuró. Normalmente, llamaría a uno de sus ayudantes espectrales para que se encargara del problema. Pero algo en los ojos grandes y llorosos de Lila le tocó una fibra sensible. ¡Qué fastidio! "¡Ejem!" Nergal carraspeó, haciendo que el eco resonara por todo el inframundo. Lila saltó y miró hacia arriba, con los ojos muy abiertos. "¿Quién… quién está ahí?" Nergal se levantó de su trono. Su sombra se extendió sobre Lila, haciéndola aún más pequeña. "Soy Nergal," dijo con su voz de hojas crujientes. "El dios del inframundo. ¿Qué haces aquí, pequeña alma?" Lila, a pesar de su miedo, se armó de valor. "Estoy perdida," dijo con un hilo de voz. "Olvidé cómo llegar al Jardín de los Recuerdos." Nergal se cruzó de brazos. "¿Olvidaste? ¿Cómo es posible olvidar algo tan importante?" Lila se encogió de hombros. "Soy un poco olvidadiza," admitió. "A veces olvido dónde dejé mis zapatos, o qué quería decir antes de decirlo…" Nergal rodó los ojos. "Esto es ridículo. Deberías prestar más atención." Pero, a pesar de sus palabras duras, sintió una punzada de simpatía por la pequeña alma. Después de todo, incluso él olvidaba dónde dejaba sus llaves a veces (sí, incluso los dioses tienen llaves). "Bien," dijo Nergal, suspirando dramáticamente. "Te ayudaré. Pero no esperes que lo haga por todos. Y no esperes que sea agradable al respecto." Lila sonrió, aliviada. "¡Gracias, señor Nergal!" Nergal la guio a través del inframundo. Le contó chistes tontos sobre esqueletos bailarines y fantasmas que se asustaban a sí mismos, aunque siempre terminaba diciendo: "¡Pero no te rías! ¡Soy un dios serio!" Lila no podía evitar reírse, lo que, secretamente, complacía a Nergal. Durante el viaje, Lila le preguntó a Nergal sobre su trabajo. "¿Es difícil ser el dios del inframundo?" Nergal suspiró. "A veces. Es mucho papeleo. Y lidiar con las quejas de las almas… ¡No te imaginas! Pero también es importante. Alguien tiene que asegurarse de que todo esté en orden." Después de un rato, llegaron a un cruce de caminos. "Este es el camino al Jardín de los Recuerdos," dijo Nergal, señalando un sendero cubierto de flores brillantes. "Pero ten cuidado. Está lleno de memorias… algunas son felices, otras no tanto. Elige sabiamente lo que quieres recordar." Lila abrazó a Nergal. "Gracias, señor Nergal," dijo. "Usted es muy amable." Nergal se sonrojó (o al menos, su rostro se puso un poco menos pálido). "¡No digas tonterías! Solo estaba haciendo mi trabajo." Pero, mientras veía a Lila desaparecer por el sendero, una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios. Nergal regresó a su trono, sintiéndose… extraño. Había ayudado a alguien. Y le había gustado. ¡Qué barbaridad! Tal vez, solo tal vez, ser un dios gruñón no era tan divertido como él pensaba. Tal vez, un poco de amabilidad no le haría daño a nadie. Incluso a un dios del inframundo. Desde ese día, Nergal siguió siendo el dios del inframundo, pero ya no era tan gruñón. Todavía tenía su barba larga y negra y su voz de hojas crujientes, pero ahora, de vez en cuando, se le escapaba una sonrisa. Y, a veces, incluso ayudaba a las almas perdidas… ¡siempre y cuando no se lo dijeran a nadie! Y Lila? Bueno, Lila nunca olvidó su aventura con el dios gruñón (¡pero no tanto!) y siempre recordaba la importancia de prestar atención… ¡aunque a veces todavía olvidaba dónde dejaba sus zapatos! Y cada vez que lo hacía, pensaba en Nergal, el dios del inframundo con un corazón de oro (aunque muy, muy escondido).

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Publicado el 14/04/2026

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