¡Rosita y el Monstruo Melancólico!
Rosita, la Bella Durmiente, se pierde en el bosque y encuentra el castillo del monstruo Melancólico, quien vive solo y triste. Gastón, un hombre presuntuoso que quiere casarse con Rosita, intenta obligarla, pero ella defiende su amistad con el monstruo, enseñándole a Gastón una importante lección sobre la amistad y el respeto.
En un reino lejano, vivía una princesa llamada Rosita. Todos la conocían como la Bella Durmiente, aunque ella prefería jugar en el bosque que dormir en su cama de plumas. Un día, mientras jugaba al escondite con sus amigos los conejos, Rosita se perdió. El sol se escondía entre los árboles, y la oscuridad empezaba a pintar el bosque con sombras largas y misteriosas. Caminó y caminó, con el estómago gruñendo como un osito hambriento. De repente, entre la niebla, ¡vio un castillo! Era un castillo antiguo, con torres torcidas y ventanas cubiertas de telarañas. Tenía un aire… ¡monstruoso! Rosita, aunque un poco asustada, era muy curiosa. Se acercó a la puerta y, con un empujón, la abrió. El castillo estaba silencioso, como si estuviera esperando a alguien. Rosita caminó por los pasillos, escuchando el eco de sus propios pasos. En un gran salón, vio una mesa larga y polvorienta, con una sola silla. Y sentado en la silla, ¡estaba el monstruo! Era grande y peludo, con un corazón que parecía latir con tristeza. El monstruo se llamaba Melancólico. Vivía solo en el castillo, y no era tan aterrador como parecía. Tenía unos ojos grandes y tristes, y un gruñido que sonaba más a un suspiro que a un rugido. Cuando vio a Rosita, se sorprendió mucho. "¿Quién eres tú?", preguntó Melancólico, con una voz temblorosa. "Soy Rosita, la Bella Durmiente", respondió la princesa. "Me perdí en el bosque y encontré tu castillo". Melancólico se puso aún más triste. "Este castillo está embrujado", dijo. "Nadie viene a visitarme. Todos me tienen miedo". Rosita se acercó al monstruo y le puso una mano en su enorme pata. "Yo no te tengo miedo", dijo. "Creo que eres un poco solitario". Melancólico nunca había tenido un amigo. Siempre había estado solo en su castillo, asustando a la gente sin querer. La amabilidad de Rosita lo conmovió profundamente. Mientras tanto, en el reino, un hombre llamado Gastón estaba muy enfadado. Gastón era un hombre fuerte y presuntuoso que quería casarse con la Bella Durmiente. Creía que tener una esposa como Rosita lo haría aún más importante. Cuando se enteró de que Rosita se había perdido, se puso furioso. "¡La encontraré y la obligaré a casarse conmigo!", gritó Gastón. "¡Y si está en el castillo del monstruo, lo derrotaré!" Gastón reunió a sus amigos y partieron hacia el bosque, decididos a encontrar a Rosita y derrotar al monstruo. De vuelta en el castillo, Rosita y Melancólico se estaban haciendo amigos. Rosita le contaba historias del bosque y de sus amigos los animales. Melancólico le mostraba los rincones secretos del castillo y le contaba historias de los fantasmas que lo habitaban. Un día, mientras jugaban al escondite, escucharon un ruido fuerte. Era Gastón y sus amigos, que habían llegado al castillo. Gastón irrumpió en el salón, con una espada en la mano. "¡Monstruo!", gritó Gastón. "¡Devuélveme a la Bella Durmiente!" Melancólico se puso delante de Rosita, protegiéndola con su enorme cuerpo. Pero en lugar de rugir, Melancólico suspiró. "No quiero pelear", dijo Melancólico. "Rosita es mi amiga". Gastón se rio a carcajadas. "¡Un monstruo no puede tener amigos!", dijo. "¡Te derrotaré y me llevaré a Rosita!" Pero Rosita no quería que Melancólico peleara. Se puso delante del monstruo y miró a Gastón a los ojos. "Gastón", dijo Rosita. "No quiero casarme contigo. Y Melancólico es mi amigo. No quiero que le hagas daño". Gastón se quedó sorprendido. Nunca había visto a Rosita tan decidida. Se dio cuenta de que no podía obligarla a casarse con él. "Está bien", dijo Gastón, con el rostro rojo de ira. "Pero te arrepentirás de esto". Gastón y sus amigos se marcharon del castillo, derrotados. Rosita y Melancólico se abrazaron. Sabían que siempre serían amigos. Y el castillo, que antes era un lugar triste y solitario, se llenó de risas y alegría. Al día siguiente, Rosita regresó a su reino. Pero nunca olvidó a su amigo Melancólico. Lo visitaba a menudo, y juntos exploraban el bosque y contaban historias. Y así, el monstruo melancólico encontró la felicidad gracias a la Bella Durmiente que se perdió en el bosque.
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