¡Santiago León Aprende a Compartir y Escuchar!
Santiago León, un niño de tres años, necesita aprender a seguir reglas y compartir. Constantemente raya las cosas de su hermano, saca juguetes sin permiso y desordena. Con la ayuda de sus padres y un Libro de Reglas, Santiago León aprende a escuchar, compartir y ser más considerado.
Santiago León era un niño de tres añitos con una energía inagotable. Le encantaba explorar, descubrir y, sobre todo, ¡hacer travesuras! Vivía con sus papás y su hermanito, Mateo. Mateo tenía muchos juguetes y libros, y a Santiago León le gustaba mucho… ¡usarlos sin permiso! Un día, Mateo estaba dibujando con sus crayones nuevos. Santiago León, al verlo, corrió hacia él y, ¡zas!, le arrebató un crayón rojo. "¡Mío!" gritó Santiago León, y comenzó a rayar el dibujo de Mateo, que era un sol sonriente. Mateo, muy triste, empezó a llorar. "Santiago León, ¡no!" dijo su mamá, que había visto todo. "Esos crayones son de Mateo. No puedes tomar las cosas de tu hermano sin pedir permiso. Y mucho menos rayar sus dibujos." Santiago León miró el dibujo rayado y luego a Mateo, que seguía llorando. No entendía por qué su mamá estaba enojada. Él solo quería dibujar también. Otro día, la mamá de Santiago León le dijo: "Santiago León, vamos a guardar los juguetes. Ya es hora de cenar". Pero Santiago León, en lugar de ayudar, empezó a sacar más juguetes de la caja. ¡Un camión rojo, un oso de peluche, una pelota de colores! La sala se convirtió en un mar de juguetes. "Santiago León, ¡escucha!" dijo su papá con voz firme. "Necesitamos guardar los juguetes. Por favor, ayúdame a ponerlos en la caja". Santiago León hizo una mueca. No quería guardar los juguetes. Quería seguir jugando. Pero su papá lo miró a los ojos y le dijo: "Si me ayudas a guardar los juguetes, después podemos leer tu cuento favorito". La promesa del cuento favorito funcionó. Santiago León, aunque un poco a regañadientes, empezó a recoger los juguetes junto con su papá. ¡Un camión aquí, un oso allá! Pronto, la sala estuvo ordenada y lista para la cena. Pero las travesuras de Santiago León no terminaban ahí. Un día, su abuela lo visitó y le trajo un rompecabezas nuevo. "¡Qué bonito!" dijo Santiago León, tomando la caja del rompecabezas. Pero en lugar de abrirlo con cuidado, ¡la sacudió con todas sus fuerzas! Las piezas del rompecabezas salieron volando por toda la habitación. "Santiago León," dijo su abuela con paciencia. "Los rompecabezas se abren con cuidado. Si lo sacudes así, las piezas se pierden". Le enseñó cómo abrir la caja suavemente y cómo empezar a armar el rompecabezas. Santiago León, al principio, no entendía muy bien, pero con la ayuda de su abuela, poco a poco fue aprendiendo a encajar las piezas. Su mamá y su papá se dieron cuenta de que Santiago León no entendía las reglas porque nadie se las había explicado de manera clara y sencilla. Así que decidieron crear un "Libro de Reglas" para Santiago León. El libro tenía dibujos sencillos y frases cortas. Por ejemplo: "No rayar los dibujos de Mateo". "Pedir permiso antes de usar los juguetes". "Guardar los juguetes después de jugar". "Escuchar a mamá y a papá". Cada noche, antes de dormir, le leían el "Libro de Reglas" a Santiago León. Al principio, no prestaba mucha atención, pero poco a poco empezó a entender. Y cuando hacía algo bien, ¡lo elogiaban mucho! "¡Muy bien, Santiago León! ¡Estás compartiendo tus juguetes!" o "¡Bravo, Santiago León! ¡Estás ayudando a guardar los juguetes!". Con el tiempo, Santiago León empezó a cambiar. Ya no rayaba los dibujos de Mateo. Pedía permiso antes de usar sus juguetes. Y, aunque a veces le costaba un poco, ¡intentaba guardar los juguetes después de jugar! Aprendió que seguir las reglas no era algo malo. Al contrario, lo hacía sentirse bien y hacía felices a su familia. Y, lo más importante, aprendió a escuchar y a compartir, convirtiéndose en un niño mucho más feliz y considerado. Ahora, cuando Mateo dibujaba, Santiago León se sentaba a su lado y, en lugar de rayar sus dibujos, ¡le ayudaba a colorearlos! Y cuando terminaban de jugar, juntos guardaban los juguetes en la caja, listos para otra aventura al día siguiente. Santiago León había aprendido que escuchar y compartir ¡era mucho más divertido que hacer travesuras!
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