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Wesley era un cuadrado perfecto. Sus cuatro lados eran iguales, sus cuatro esquinas eran puntiagudas, y su color era un azul cielo precioso. Pero Wesley estaba triste. ¿Por qué? ¡Porque no podía rodar! Él veía a los círculos pasar, girando y girando sin parar, riendo con el viento. "¡Oh, cómo me gustaría ser redondo!", suspiraba Wesley. "¡Sería tan divertido rodar por todas partes!".
Un día, mientras Wesley estaba sentado en una colina, lamentándose de su forma cuadrada, un trapecio sabio se acercó. El trapecio era alto y elegante, con un color verde esmeralda brillante. "¿Por qué estás tan triste, pequeño cuadrado?", preguntó el trapecio con una voz suave.
Wesley levantó la vista, sorprendido. "¡Oh, Señor Trapecio! Es que yo quiero ser redondo. Quiero rodar como los círculos. Ser cuadrado es tan… aburrido."
El trapecio sonrió amablemente. "Wesley, pequeño amigo, cada forma tiene su propia magia. Los círculos son maravillosos para rodar, sí. Pero tú, Wesley, tienes cuatro esquinas fuertes. ¡Con esas esquinas, puedes construir!".
Wesley frunció el ceño. "¿Construir? ¿Qué puedo construir yo?"
"¡Oh, muchas cosas!", exclamó el trapecio. "Puedes construir casas para los triángulos, puentes para que los rectángulos crucen los ríos, ¡incluso puedes construir castillos para las estrellas! Tus esquinas te dan estabilidad, fuerza. Eso es muy valioso."
Wesley nunca lo había pensado de esa manera. Él solo se había enfocado en lo que no podía hacer. El trapecio continuó: "Ser diferente es lo que te hace especial. Imagina si todos fuéramos iguales. ¡Qué aburrido sería el mundo!".
El trapecio entonces le enseñó a Wesley una cosa muy importante. "Aunque no puedas rodar como un círculo, puedes girar de otras maneras. ¡Puedes girar sobre una de tus esquinas! Inténtalo".
Wesley, con un poco de dificultad al principio, intentó girar sobre una de sus esquinas. Al principio se tambaleó un poco, pero después de un par de intentos, ¡lo logró! Giraba y giraba, no tan rápido como un círculo, pero a su manera, y se sentía feliz.
"¡Mira, Señor Trapecio! ¡Puedo girar!", exclamó Wesley, riendo.
El trapecio asintió con una sonrisa. "Ves, Wesley, no necesitas ser redondo para ser feliz. Puedes encontrar tu propia alegría en ser tú mismo, en ser un cuadrado fuerte y valioso."
Desde ese día, Wesley comenzó a explorar todas las cosas que podía hacer con sus cuatro lados y sus cuatro esquinas. Construyó una pequeña casa para un pequeño triángulo llamado Trini. Trini era un triángulo tímido y la casita de Wesley le dio un lugar seguro para vivir. Luego, ayudó a un rectángulo largo y delgado llamado Ramón a construir un puente sobre un arroyo. Ramón no podía llegar al otro lado por sí solo, pero con la ayuda de Wesley y sus lados fuertes, crearon un puente resistente.
Wesley también descubrió que podía apilarse con otros cuadrados para construir torres altas y fuertes. Un día, un grupo de estrellas necesitaban un lugar para descansar después de un largo viaje por el cielo. Wesley, junto con muchos otros cuadrados, construyó un castillo brillante y acogedor para las estrellas. Las estrellas estaban tan agradecidas que iluminaron el castillo con su luz, haciéndolo brillar como un faro en la noche.
Wesley se dio cuenta de que el Señor Trapecio tenía razón. Ser cuadrado no era aburrido en absoluto. ¡Era genial! Él podía construir, ayudar a otros, y girar de una manera única. Él era especial, tal como era.
Un día, Wesley se encontró con un círculo triste. El círculo se llamaba Celia y estaba triste porque no podía construir nada. Wesley se acercó a Celia y le dijo: "No estés triste, Celia. Puedes rodar y llevar a la gente de un lugar a otro. ¡Eso es muy importante!".
Celia miró a Wesley con sorpresa. "¿De verdad crees eso?"
"¡Por supuesto que sí!", respondió Wesley. "Cada forma tiene un propósito especial y genial. Lo importante es aceptarte a ti mismo y encontrar la alegría en lo que puedes hacer."
Celia sonrió. "Gracias, Wesley. Creo que tienes razón."
Desde ese día, Wesley y Celia se hicieron muy buenos amigos. Wesley aprendió a apreciar aún más su forma cuadrada, y Celia aprendió a amar su capacidad de rodar. Juntos, aprendieron que ser diferente era algo maravilloso y que todos tenían algo especial que ofrecer al mundo. Y Wesley, el cuadrado que una vez quiso ser redondo, finalmente entendió que la magia más grande estaba en ser simplemente… él mismo. Y así, Wesley el Cuadrado, siguió construyendo, girando a su manera, y ayudando a todos los demás a encontrar la magia en sus propias formas curiosas.
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