
Cuando era niño, mi familia se alimentaba principalmente de lo que nos ofrecían la chagra, la pesca y los demás recursos de nuestro territorio. Nuestra alimentación estaba estrechamente relacionada con la tierra, el agua y los conocimientos que se compartían en familia.
Cultivábamos yuca, plátano, maíz, piña y ñame. La yuca era especialmente importante, pues con ella preparábamos casabe y fariña, alimentos que hacían parte de nuestra vida cotidiana.
También conseguíamos alimentos pescando y cazando, y recogíamos frutos silvestres que encontrábamos en nuestro territorio. Así aprovechábamos lo que nos brindaban los ríos, los montes y la selva.
Para conservar algunos alimentos durante más tiempo, ahumábamos la carne y secábamos ciertos productos. De esta manera podíamos guardarlos y aprovecharlos cuando los necesitábamos.
Con el paso del tiempo, las nuevas tecnologías y la llegada de otros alimentos han cambiado algunas de nuestras costumbres. Aun así, considero importante conservar la chagra y rescatar las semillas nativas, porque hacen parte de nuestra historia, de los saberes de nuestros mayores y de la relación que mantenemos con nuestro territorio.





