El Conejo y la Tortuga en el Laberinto
Un conejo sabelotodo se burla del guardia de un laberinto, pero pronto se da cuenta de que necesita ayuda. Una tortuga olvidadiza se une a ellos y, juntos, encuentran la salida del laberinto y forman una amistad duradera.

Había una vez un pueblo que era famoso en el mundo entero por poseer el único laberinto del cual era imposible salir. El guardia del laberinto vigilaba la entrada para que ningún despistado entrara sin saber a lo que se enfrentaba. Un día, cierto conejo sabelotodo pasó por la entrada del laberinto, y al ver al guardia, que no era más que un niño pequeño, le picó la curiosidad y se detuvo a hablar con él. - Hey niño, ¿qué haces aquí de pie sin hacer nada más que estorbar mi paso? - Eh... hola... conejo mal educado, soy el vigilante del Laberinto. - ¿Tú? ¿Un guardia? - rió el conejo- ¿Qué vas a vigilar tú si no eres más grande que un champiñón?- se burlaba el conejo. - No soy vigilante por mi tamaño o fuerza, soy vigilante por mi corazón, que por lo que veo, es aún más grande que un conejo. - A ver a ver, ¿y qué es lo que vigilas? Si no parece que haya nada interesante aquí. - Vigilo que nadie entre en el Laberinto sin saber a lo que se enfrenta. - ¿Peligro? -se burlaba el conejo- Para mí no existe el peligro, soy el más valiente del mundo, y no hay nada a lo que no me pueda enfrentar. - Bien, si estás tan seguro de ti mismo, entra, y consigue llegar hasta el final. El conejo no se lo pensó dos veces y salió disparado al interior del laberinto. - Izquierda... ahora derecha.... todo recto... jajajaja, esto va a ser más fácil que comerme una zanahoria. Pasaron más de 2 horas y el conejo seguía intentando encontrar la salida, cada vez más cansado y frustrado. - Izquier... no... no... derech.... no no.... recto, si si, recto! Después de 6 horas intentando encontrar el camino correcto, tuvo una gran idea. - Piensa piensa... ¡YA! Cogeré la zanahoria de mi almuerzo, la cortaré en pequeños trocitos, y las tiraré al suelo para saber por donde ya he pasado, ¡SOY un GENIO! Con su plan en marcha, su optimismo creció. - Izquierda... derecha.... recto... eh? Un momento.... juraría que por aquí ya he pasado, pero no veo ni rastro de los trocitos de zanahoria... Al doblar una esquina, se encontró con una tortuga que caminaba lentamente. - oooOOOoooH, otro trocito de zanahoria, ñam ñam... hoy es mi día de suerte. El conejo no daba crédito a lo que veía, esa tortura se estaba comiendo su rastro para no perderse. - ¡NooOOOooO pero qué estás haciendo!!! - ¿Yo? Pues comerme unos trocitos de riquísima zanahoria que alguien muy amable habrá dejado para mí. - ¿Para ti? ¡NOOO, es mi rastro para encontrar la salida de este maldito laberinto! - ¿Salida? Pues mucha suerte con eso, llevo aquí 250 años buscando y aún no la encontré. - Dos.... dos.. doscie.... doscientos cincuenta AÑOS! - el conejo no daba crédito- ¡No puede ser!!, ¡jamás voy a salir de aquí! - Ñam... mmm... qué rica zanahoria.... ñam... - ¡Deja de comerte mi rastro!!! - Hola conejo, ¿querías algo? -a la tortuga le fallaba la memoria. - No puede ser, encima de lenta, robazanahorias, ¡te falla la memoria!, ¡acabamos de hablar hace un momento! - ¿Pero querías algo? - Quiero encontrar la salida, pero una tortuga olvidadiza y ladrona se ha comido mi rastro de zanahorias. - Qué casualidad, yo he encontrado muchos trocitos de zanahorias, y además sé dónde está la salida. - ¿Cómo? ¿Que sabes dónde está la salida? ¡Por qué no me lo has dicho antes?! - Bueno, nadie me ha preguntado nunca. - ¡Llévame a la salida AHORA MISMO! - ¿A qué salida? El conejo rompió a llorar por la desesperación y trató esta vez, de pedirlo más amablemente, - ¿Podrías, por favor llevarme a la salida de este laberinto... - Pues claro que puedo, pero no hace falta que llores, solo tenías que pedirlo bien. Así, muy lentamente fueron avanzando por el laberinto hasta la salida, donde esperaba el Guardia. - Aquí estás, lo has conseguido, enhorabuena. El conejo, esta vez más calmado que la primera vez que se encontraron respondió. - Gracias, la verdad es que nunca lo hubiera conseguido si no fuera por esta Tortuga, la pobre lleva 250 años atrapada en el laberinto. - ¿250 años? -rió el guardia- Entró hace 1 hora por el olor a zanahorias, creo que le falla la memoria. - ¿De quién estáis hablando? El guardia y el conejo rieron, y se dieron cuenta, de que habían encontrado un amigo en el otro. Y así, el Conejo y el guardia se hicieron amigos, y vigilaron juntos el laberinto, mientras nuestra amiga la tortuga, servía de guía para los más despistados.
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