¡Inti y Wayra, Guardianes de Condorcoccha!
En el pueblo andino de Condorcoccha, los niños aprenden a protegerse del sol (Inti) y el viento (Wayra), que a veces son demasiado fuertes. Con la ayuda de la abuela Pachamama, descubren cómo usar bloqueador solar, chullos, chalinas, gorros y lentes para disfrutar de la naturaleza de forma segura, permitiendo que Inti y Wayra sigan cuidando de ellos.
En un pueblito entre las montañas altas llamado Condorcoccha, vivían dos amigos especiales: Inti, el sol, y Wayra, el viento. Inti era brillante y alegre. Le encantaba dar luz y calor para que las plantas crecieran y los animales estuvieran felices. Su sonrisa iluminaba todo el valle. Pero a veces, cuando se emocionaba mucho jugando a las escondidas con las nubes, sus rayos ultravioletas salían muy fuertes y podían hacer daño si uno no se cuidaba. Eran como cosquillas solares, pero ¡unas cosquillas que podían quemar! Wayra era juguetón y veloz, un espíritu libre que danzaba entre los picos nevados. Le gustaba mover suavemente las hojas de los árboles, susurrando secretos a las flores y empujando las cometas de los niños. Pero en las mañanas frías y en las noches estrelladas, soplaba tan fuerte que traía mucho frío, un frío que hacía temblar hasta a las piedras. Un día soleado, los niños Luz, Kusi e Inti (¡sí, otro niño llamado Inti!) notaron que sus mejillas estaban rojas como tomates después de jugar a la pelota en la plaza del pueblo. "¡Ay! ¡Me quema la cara!" exclamó Luz, tocándose las mejillas. Kusi, por su parte, se quejaba: "¡Y yo tengo frío en las orejas! ¡Brrr!" Al día siguiente, por la mañana, volvieron a tiritar de frío camino a la escuela. Sus manos estaban entumecidas y sus narices rojas. "¡No puedo sentir mis dedos!" dijo el pequeño Inti, soplando en sus manos para calentarlas. Preocupados, fueron a contarle sus problemas a la sabia abuelita del pueblo, la abuela Pachamama. Ella, con su rostro arrugado como un mapa antiguo y sus ojos llenos de sabiduría, los escuchó atentamente. "Mis pequeños," les dijo con una voz dulce como la miel, "debemos aprender a protegernos de Inti y Wayra cuando son muy fuertes. Ellos son nuestros amigos, pero como todos los amigos, a veces necesitan que les recordemos que deben ser cuidadosos." La abuela Pachamama les mostró un frasco pequeño con una crema blanca. "Usen bloqueador solar," les enseñó con una sonrisa. "Es como un escudo mágico que protege su piel de los rayos traviesos de Inti. Pónganselo en la cara, los brazos y cualquier parte del cuerpo que esté expuesta al sol." Luego, sacó de su baúl de tesoros un chullo colorido tejido con lana de alpaca suave y una chalina larga y abrigada. "Pónganse su chullo y chalina," dijo, envolviendo a Kusi en la chalina. "Esto los protegerá cuando Wayra venga con su aliento helado. El chullo mantendrá sus orejas calientes y la chalina abrigará su cuello." Finalmente, les mostró unos gorros de ala ancha hechos de paja y unos lentes de sol oscuros. "Usen gorros de ala ancha y lentes," agregó con un guiño. "El gorro protegerá su carita del sol y los lentes cuidarán sus ojitos para que Inti no los encandile." Los niños aprendieron rápidamente la rutina del cuidado: Por la mañana, antes de salir de casa: Bloqueador solar en la cara y los brazos, chullo en la cabeza y chalina alrededor del cuello. Al mediodía, cuando el sol está en lo más alto: Gorro de ala ancha y lentes de sol en la cara. ¡Y siempre, siempre, estar protegidos! Inti y Wayra se pusieron muy contentos al ver que los niños ya no se quemaban ni pasaban frío. Se dieron cuenta de que su fuerza podía ser disfrutada sin hacer daño. Inti bajó un poco la intensidad de sus rayos y Wayra sopló con más suavidad. Ahora, los niños de Condorcoccha podían jugar todo el día, protegidos y felices, corriendo por los campos verdes, riendo bajo el sol brillante y sintiendo la brisa fresca en sus rostros. Querían mucho a sus amigos Inti y Wayra, sabiendo que eran los guardianes de su valle, cuidándolos siempre, desde el cielo. Y cada vez que veían el sol brillar o sentían el viento soplar, recordaban las palabras de la abuela Pachamama: "La naturaleza es un regalo maravilloso, pero debemos aprender a respetarla y a cuidarnos de sus fuerzas."
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