El gran misterio de la página en blanco
Teneroes 3

El gran misterio de la página en blanco

Para Luis, de nueve años, las mañanas no empezaban con el sonido del despertador, ni con el olor a tostadas que subía de la cocina. No, para Luis, el día comenzaba con un gran interrogante que se cernía sobre su cuaderno de matemáticas. Esa mañana, como todas las mañanas, la señora González había escrito la tarea en la pizarra: "Página 12, ejercicios 1 al 5". Luis había copiado las instrucciones en su cuaderno con letra temblorosa, mirando de reojo el reloj que avanzaba inexorablemente. El resto del día había sido una sucesión de juegos, risas y carreras en el patio. Pero ahora, sentado frente a su escritorio con la luz de la tarde filtrándose por la ventana, el cuaderno de matemáticas le parecía un monstruo acechante. —Luis, ¿ya terminaste tus deberes? —preguntó su madre desde la puerta. Luis cerró el cuaderno de golpe y se encogió de hombros. —Estoy en ello, mamá —mintió con una voz apenas audible. La página 12 estaba completamente en blanco. Los números y las operaciones matemáticas se entrelazaban en su mente como un laberinto sin salida. El ejercicio 1 pedía sumar tres números de dos dígitos, pero para Luis, era como intentar resolver un acertijo milenario. —Tal vez si me distraigo un poco… —susurró para sí mismo, y comenzó a garabatear un dibujo de un dragón escupiendo fuego en el margen del cuaderno. El dragón era mucho más interesante que las sumas. De repente, una extraña sensación se apoderó de Luis. El dragón parecía cobrar vida en la página, sus escamas brillaban con un fuego imaginario. Y entonces, Luis escuchó una voz tenue que parecía provenir del cuaderno. —¿Por qué no intentas resolver el primer ejercicio, Luis? —susurró el dragón. Luis se frotó los ojos, creyendo que estaba alucinando. Pero el dragón seguía allí, mirándolo con ojos centelleantes. —No sé cómo hacerlo —admitió Luis con vergüenza. —Es más fácil de lo que crees —dijo el dragón—. Solo tienes que pensar en los números como si fueran joyas preciosas que debes organizar en diferentes cofres. Luis lo intentó. Imaginó que las decenas eran cofres dorados y las unidades, cofres plateados. El primer número, 25, tenía dos joyas en el cofre dorado y cinco en el plateado. El segundo, 18, tenía una joya en el dorado y ocho en el plateado. Y el tercero, 32, tenía tres joyas en el dorado y dos en el plateado. —Ahora, solo tienes que contar cuántas joyas hay en cada cofre —continuó el dragón. Luis contó las joyas en los cofres plateados: cinco, ocho y dos hacían un total de quince. —¡Oh, no! ¡Hay demasiadas joyas en el cofre plateado! —exclamó Luis. —Eso es porque tienes que pasar diez joyas al cofre dorado —explicó el dragón—. Cada diez joyas plateadas forman una joya dorada. Luis pasó diez joyas al cofre dorado y le quedaron cinco en el plateado. Luego contó las joyas doradas: dos, una y tres, más la que había añadido, hacían un total de siete. —¡Lo tengo! ¡La respuesta es 75! —gritó Luis, emocionado. El dragón sonrió y se desvaneció en la página. Luis se sintió invadido por una sensación de triunfo. Había resuelto el primer ejercicio, y no había sido tan difícil como pensaba. Lleno de energía, Luis continuó con el resto de los ejercicios. Imaginó a los números como caballeros que luchaban contra monstruos matemáticos, o como astronautas que exploraban planetas inexplorados. Cada ejercicio resuelto era una victoria, un paso más cerca de descubrir el gran secreto de las matemáticas. Cuando terminó, cerró el cuaderno con un suspiro de satisfacción. La página 12 ya no estaba en blanco; estaba llena de números y operaciones matemáticas, pero también de aventuras y descubrimientos. Al día siguiente, Luis llevó su cuaderno a la escuela con orgullo. La señora González revisó su tarea y le dio una sonrisa de aprobación. —Muy bien, Luis —dijo ella—. Se nota que te has esforzado. Luis sonrió para sí mismo, recordando al dragón del cuaderno. Sabía que las matemáticas seguían siendo un desafío, pero ya no le asustaban. Sabía que detrás de cada página en blanco había un mundo de misterios por descubrir, y que él era capaz de resolverlos. Y así, Luis continuó su camino en el mundo de las matemáticas, acompañado por la magia de su imaginación y el recuerdo de un dragón que le había enseñado a ver los números con otros ojos

di CleverDragon20

personaggi

Luis

Protagonista

niño · TDAH

moreno

Storie pubblicate (1)

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