
Eggman estaba furioso por su último fracaso y diseñó la trampa perfecta: un laberinto donde la velocidad no servía de nada. Las paredes se movían, los pasillos cambiaban, y cada vez que Sonic corría rápido, los muros se cerraban más. Sonic entró confiado y en cinco minutos estaba completamente perdido, corriendo en círculos. «¿Dónde está la salida?», gritó golpeando una pared que antes no estaba ahí.
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