Berta, La Abeja Charlatana que Aprendió a Zumbir
Berta es una abeja muy habladora que no sabe hacer ninguna de las tareas de la colmena. Después de varios intentos fallidos, descubre que su talento para contar historias puede ser valioso para entretener a las larvas. Berta encuentra su lugar en la colmena y aprende que todos tienen un talento especial.
En un panal dorado, lleno de celdillas hexagonales perfectas, vivía una abeja llamada Berta. Berta era… diferente. Mientras las demás abejas zumbaban incansablemente, recolectando néctar y construyendo el panal, Berta… hablaba. ¡Oh, cómo hablaba Berta! Contaba historias, inventaba canciones, opinaba sobre el clima, y daba consejos (que nadie le pedía) sobre la mejor manera de limpiar el polen de las antenas. "¡Buenos días, Margarita! ¿Sabías que el rocío de la mañana es mucho más brillante en las flores amarillas? ¡Deberías probarlo!" decía Berta a una abeja trabajadora que apenas tenía tiempo para responder. "¡Oh, Fabricio! ¡Esa celdilla está un poco torcida! ¡Deberías usar más propóleo en la esquina superior izquierda! ¡Es un consejo de experta!" le gritaba a un constructor de panales que suspiraba con resignación. La Reina Abeja, una abeja sabia y paciente, observaba a Berta con una mezcla de exasperación y ternura. Sabía que Berta tenía un buen corazón, pero su constante parloteo distraía a las demás abejas y, lo peor de todo, ¡Berta no ayudaba en nada! Un día, la Reina Abeja llamó a Berta a su celda real. "Berta, querida," dijo la Reina con una sonrisa suave, "admiro tu entusiasmo y tu capacidad para comunicarte. Pero en nuestra colmena, cada abeja tiene un trabajo importante que hacer. Necesitamos que tú también encuentres tu lugar." Berta, sorprendida, tartamudeó: "Pero… pero… yo… ¡yo soy muy buena hablando! Puedo entretener a las larvas, puedo… puedo… ¡dar discursos inspiradores sobre la importancia del néctar!" La Reina sonrió. "Entiendo tu entusiasmo, Berta. Pero necesitamos abejas que recolecten néctar, que construyan celdas, que cuiden de las larvas. Necesitamos acción, no solo palabras." Berta se sintió avergonzada. Sabía que la Reina tenía razón. Todas las demás abejas trabajaban duro, mientras ella solo charlaba. Decidió que tenía que cambiar. Al día siguiente, Berta intentó unirse a las abejas recolectoras. Se puso su pequeño traje de abeja, cogió su cesta de polen y voló hacia el campo de flores. Pero… ¡era terrible recolectando néctar! No sabía cómo encontrar las flores con más néctar, se tropezaba con los pétalos, y se distraía con las mariposas que pasaban. "¡Hola, mariposa! ¡Qué alas tan bonitas! ¿Sabías que el color amarillo atrae a las abejas? ¡Deberías venir a la colmena y conocer a mis amigas!" le decía a una mariposa que la miraba con curiosidad. Las demás abejas recolectoras suspiraban. Berta no recolectaba nada y, además, las distraía con su charla interminable. Al final, la enviaron de vuelta a la colmena. Berta, desanimada, intentó ayudar a las abejas constructoras. Intentó pegar celdillas con propóleo, pero solo conseguía ensuciarse las antenas y pegar las celdillas al revés. "¡Oh, no! ¡Creo que he puesto esta celdilla patas arriba! ¡Espero que las larvas no se mareen!" exclamaba, mientras las demás abejas constructuras intentaban arreglar su desastre. Después de varios intentos fallidos, Berta se sentó en una esquina del panal, sintiéndose miserable. "Soy un fracaso," pensó. "No sirvo para nada. Solo sé hablar." De repente, escuchó un pequeño llanto. Provenía de la celda de las larvas. Una de las larvas estaba llorando desconsoladamente. Berta se acercó a la celda y miró dentro. "¿Qué te pasa, pequeña?" preguntó Berta con suavidad. "Tengo hambre," sollozó la larva. "Y las cuidadoras están ocupadas construyendo el panal nuevo." Berta tuvo una idea. Recordó las historias que le gustaba contar. Se acercó a la larva y comenzó a contarle un cuento sobre una valiente abeja que volaba por encima de las nubes y encontraba un campo lleno de flores de miel. La larva, fascinada por la historia, dejó de llorar y comenzó a escuchar atentamente. Berta continuó contando historias durante horas. Les contó cuentos de hadas, aventuras emocionantes y canciones divertidas. Las larvas estaban encantadas. Dejaron de llorar y comenzaron a reír y a pedir más historias. Las cuidadoras de las larvas, al ver lo contentas que estaban las larvas, agradecieron a Berta su ayuda. La Reina Abeja, que había estado observando todo, sonrió. Berta finalmente había encontrado su lugar. Desde ese día, Berta se convirtió en la contadora oficial de historias de la colmena. Todas las tardes, después de que las demás abejas terminaban sus tareas, se reunían alrededor de Berta para escuchar sus cuentos. Berta era feliz. Había aprendido que incluso su talento para hablar podía ser útil, siempre y cuando lo usara para ayudar a los demás. Y aunque seguía hablando mucho, ahora también sabía zumbir… ¡zumbidos de alegría! Y así, Berta, la abeja charlatana, aprendió que cada uno tiene un talento especial y que lo importante es encontrar la forma de usarlo para el bien común. Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.
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