¡Carnaval Mágico en Barranquilla!
Unos turistas visitan Barranquilla durante el Carnaval y al principio se sienten sorprendidos por la explosión de color y música. Los niños de la ciudad los reciben con amabilidad, contagiándolos con la alegría del Carnaval y mostrándoles la riqueza de su cultura.
En la ciudad de Barranquilla, donde las casas tienen techos de colores brillantes como caramelos y la música siempre está en el aire, llegó la época más feliz del año: ¡el Carnaval! Los niños de esta alegre ciudad, estaban preparando sus disfraces con muchísima ilusión. Sofía cosía lentejuelas a su falda de bailarina, mientras que Tomás pintaba una máscara de jaguar con rayas doradas y verdes. Justo cuando los preparativos estaban en su punto más emocionante, llegaron a la ciudad de la arenosa unos visitantes muy curiosos. Cuatro turistas con gafas de sol enormes que les cubrían casi toda la cara y sombreros grandes que parecían sombrillas, que nunca habían estado en un Carnaval. Se llamaban el Señor Pérez, la Señora García, Anita y Pedrito. ¡Eran una familia de otra ciudad muy lejana! Al principio, estaban un poco sorprendidos. Vieron a la gente vestida con trajes muy coloridos que brillaban bajo el sol: niñas con faldas llenas de flores tan grandes como sus cabezas y niños con máscaras divertidas que los hacían parecer superhéroes. DESFILAN LAS NIÑAS (SE DA TIEMPO) DESFILAN LOS NIÑOS (SE DEJA TIEMPO). Escucharon el alegre sonido de los tambores, ¡boom, boom, boom!, y las flautas, ¡piii, piii, piii!, que invitaban a bailar y a saltar. BUSCAR LOS SONIDOS. "¡Mira, papá! ¡Qué fiesta tan extraña y alegre!", exclamó Anita, observando a un grupo de niños lanzándose serpentinas de papel de todos los colores. Las serpentinas volaban por el aire como cintas mágicas. Los músicos, al ver a los turistas con caras de sorpresa que parecían interrogantes gigantes, se acercaron tímidamente y les ofrecieron unas serpentinas brillantes. "¡Bienvenidos al Carnaval de Barranquilla!", les dijeron con una sonrisa que iluminaba como el sol de la tarde. "¡Es la fiesta más feliz del mundo!", añadieron, "¡Aquí celebramos con música, bailes y muchos colores!”. Luego, uno de los niños les explicó que el Carnaval es patrimonio cultural de la humanidad. El Señor Pérez, al principio un poco serio, se puso una serpentina alrededor del cuello. La Señora García, que siempre había soñado con bailar, empezó a mover los pies al ritmo de la música. Anita y Pedrito, con los ojos bien abiertos, cogieron las serpentinas y empezaron a lanzárselas el uno al otro, riendo a carcajadas. Los turistas empezaron a sentirse contagiados por la alegría del Carnaval. INCLUIR MÚSICA DE CARNAVAL. Vieron a la gente bailar en las calles, siguiendo el ritmo contagioso de la música. Un señor disfrazado de marimonda, con una máscara larga y orejas grandes, los invitó a unirse al baile. Probaron unas deliciosas arepas de huevo, calientes y crujientes, y se rieron con las bromas de los disfrazados que contaban chistes muy divertidos. Anita probó un raspao con mucho jarabe de colores y Pedrito se puso un sombrero de flores que le regaló una niña. El Señor Pérez incluso intentó tocar el tambor, ¡aunque no le salió muy bien! Pero todos se reían y lo animaban. Estaban maravillados. Nunca imaginaron que el Carnaval sería una fiesta tan llena de vida, música y color. Se dieron cuenta de que la alegría de la gente era contagiosa como un bostezo y que el Carnaval era una forma muy especial de celebrar su cultura y de compartirla con el mundo entero. Cuando llegó la hora de despedirse, los turistas se sentían muy tristes de irse. Se habían enamorado del Carnaval, de la música, de la comida y, sobre todo, de la gente de Barranquilla. Se despidieron de los niños y de los músicos, prometiendo volver al año siguiente. "¡Gracias por mostrarnos la magia del Carnaval!", dijo la Señora García con una lágrima de alegría en el ojo. Y así, los turistas se llevaron el carnaval de Barranquilla en el corazón, aprendiendo un poco más sobre la rica cultura del Caribe gracias a la amabilidad de sus niños. Los barranquilleros se sintieron felices de compartir la magia de su Carnaval con visitantes de otros lugares. ¡La alegría del Carnaval siempre une a la gente! Y colorin colorado, este cuento se ha acabado.
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