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Gratis · elegí una vozHabía una vez un conejito llamado Tito, que no caminaba… ¡saltaba todo el tiempo! Saltaba en la cama, en el jardín y hasta en la cocina. Su mamá Coneja le decía: "Tito, ¡ten cuidado! Vas a terminar rebotando hasta la luna." Pero a Tito le encantaba saltar. Era su forma de explorar el mundo, de sentir la alegría del aire en sus largas orejas blancas.
Un día, Tito estaba saltando en el jardín, persiguiendo una mariposa amarilla, cuando escuchó un ruido: —¡Plof, plof, plof! Tito se detuvo en seco, con las orejas paradas. ¿Qué era ese sonido tan curioso? Se acercó sigilosamente a un charco de agua y, ¡oh, sorpresa!, allí estaba una rana verde llamada Rina, que también adoraba brincar. Rina saltaba de hoja en hoja, dejando pequeñas ondas en el agua.
—¡Hola! —saludó Tito, dando un gran salto para acercarse a Rina—. Soy Tito, y me encanta saltar.
Rina sonrió, mostrando sus blancos dientes. —¡Hola, Tito! Yo soy Rina, y a mí también me fascina brincar. ¡Es lo mejor del mundo!
—¡Hagamos una carrera de saltos! —propuso Rina, con los ojos brillantes de emoción.
Tito aceptó de inmediato. —¡Sí! ¡Será la carrera de saltos más divertida de la historia!
Los dos amigos se colocaron en la línea de salida, listos para comenzar. Un pajarito curioso se posó en una rama cercana para observar. Una ardilla asomó la cabeza desde su agujero en el árbol, también intrigada por lo que estaba sucediendo. Y así, la carrera comenzó: ¡SALTÍN, SALTÓN, SALTÍN, SALTÓN! Tito y Rina saltaban con todas sus fuerzas, riendo y animándose mutuamente.
Tito saltaba alto, muy alto, impulsándose con sus fuertes patas traseras. Rina, por su parte, daba saltos rápidos y ágiles, moviéndose como una flecha verde. La carrera estaba muy reñida. ¡Era difícil saber quién iba a ganar!
De pronto, apareció una tortuga llamada Tula. Tula era una tortuga muy sabia y amigable, que siempre estaba dispuesta a ayudar a los demás. Caminaba lentamente, pero con paso firme y seguro. Al ver la carrera de saltos, Tula se acercó curiosa.
—¡Hola, Tito! ¡Hola, Rina! —saludó Tula con su voz suave y tranquila—. ¿Qué están haciendo?
—¡Estamos en una carrera de saltos! —explicó Tito, sin dejar de saltar.
—¡Es muy divertido! —añadió Rina, dando un salto aún más alto.
Tula sonrió. —Yo no puedo saltar… pero puedo animarlos —dijo, sacando un silbato de su caparazón—. ¡Yo seré la árbitro de la carrera!
Así, Tula se convirtió en la árbitro oficial de la carrera de saltos. Con su silbato, marcaba el ritmo y animaba a Tito y a Rina a seguir adelante. Tito y Rina se esforzaban al máximo, sintiendo el apoyo de su nueva amiga.
La carrera continuó durante un buen rato. Tito y Rina saltaban y saltaban, hasta que comenzaron a sentirse cansados. Sus patas les dolían, y sus respiraciones se volvieron agitadas. Pero no querían rendirse. Querían llegar hasta el final.
Finalmente, la carrera llegó a su fin. Tito y Rina se detuvieron, jadeando y sonriendo. Habían saltado tanto que ya no podían más. Tula se acercó a ellos, con una gran sonrisa en su rostro.
—¡Lo hicieron muy bien! —dijo Tula—. ¡Los dos son unos saltadores increíbles!
Tito y Rina se miraron y se echaron a reír. Estaban exhaustos, pero muy felices. Habían disfrutado mucho de la carrera de saltos, y habían hecho una nueva amiga.
Al final, todos terminaron cansados, pero muy felices. Se sentaron bajo un árbol frondoso para descansar. Tito sacó una zanahoria jugosa de su mochila, y Rina compartió una hoja de lechuga fresca. Tula, por su parte, les contó historias divertidas sobre el bosque.
Tito aprendió que lo divertido no es ganar, sino jugar con los amigos. Y Rina aprendió que, aunque todos somos diferentes, podemos divertirnos juntos y apoyarnos mutuamente. Tula aprendió que, aunque no podamos hacer todo, siempre podemos contribuir con nuestra amistad y alegría.
Desde ese día, Tito, Rina y Tula se convirtieron en los mejores amigos del mundo. Juntos, exploraron el bosque, jugaron a las escondidas y se divirtieron saltando, brincando y caminando. Y siempre recordaron la gran carrera de saltos, como el día en que aprendieron que la amistad es el tesoro más valioso de todos.
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