
La tormenta esa noche fue la más fuerte que Emiliano recordaba. Los relámpagos pintaban el cielo de blanco y los truenos hacían temblar las ventanas. Emiliano miraba desde su cuarto cuando vio algo caer entre los rayos: un destello dorado que aterrizó justo en medio del jardín. Al día siguiente, antes de que nadie despertara, salió corriendo en pijama y encontró una varita de madera pequeña, brillante, enterrada entre las margaritas. Al tocarla, todo el vecindario se iluminó.
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