
Había una vez, en un rincón muy verde y frondoso del Gran Bosque, un pequeño zorrito llamado Tomi. Tomi era muy especial porque tenía una energía que parecía no acabarse nunca y una imaginación capaz de convertir una simple rama en una espada de caballero o una caja de cartón en un cohete espacial. Su cola era larga, naranja y terminaba en una puntita blanca que siempre se movía de lado a lado cuando estaba emocionado. Sin embargo, Tomi tenía una costumbre que a veces le traía pequeños líos: siempre dejaba sus tareas para otro momento. En su habitación, los cuentos de aventuras dormían en el suelo en lugar de descansar en la estantería, y sus bloques de colores formaban cordilleras peligrosas que todos debían esquivar al caminar. Para Tomi, el tiempo era un juego que nunca terminaba, y cada vez que alguien le pedía ayuda, él sonreía y decía su frase favorita con mucha seguridad: “¡Después, lo haré después!”. El zorrito pensaba que el “después” era un lugar mágico donde las cosas se hacían solas, sin dejar de jugar ni un segundo bajo los cálidos rayos del sol que entraban por su ventana.
おはなし 2:新しい冒険をえらぼう
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