La Cenicienta (cuento corto)

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La Cenicienta (cuento corto) leído en voz alta

Leído por Dalia (México) · 2:17 · 364 palabras · 2 reproducciones

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La Cenicienta (cuento corto)

Había una vez una joven llamada Ella que vivía con su madrastra y sus dos hermanastras. Aunque Ella hacía todas las tareas de la casa, siempre la trataban con dureza y la llamaban Cenicienta, porque solía quedar cubierta de ceniza al limpiar la chimenea.

Un día llegó a la casa una invitación real: el príncipe daría un gran baile en el castillo y todas las jóvenes del reino estaban invitadas. Las hermanastras se prepararon con vestidos elegantes, pero a Cenicienta no le dejaron ir.

Cuando se quedó sola, triste en el jardín, apareció frente a ella un hada madrina con un vestido brillante y una varita mágica.

—No llores más —le dijo con dulzura—. Esta noche también irás al baile.

Con un movimiento de su varita, convirtió una calabaza en un carruaje dorado y el vestido gastado de Cenicienta en uno hermoso, con unos delicados zapatos de cristal.

—Recuerda —le advirtió el hada—, la magia solo dura hasta la medianoche.

Esa noche, en el baile, el príncipe no pudo dejar de mirar a la joven misteriosa que bailaba con tanta alegría. Bailaron juntos durante horas, y por un momento, Cenicienta olvidó todas sus tristezas.

Cuando el reloj comenzó a marcar las doce campanadas, Cenicienta recordó la advertencia del hada y salió corriendo hacia la escalera del castillo. En su prisa, uno de sus zapatos de cristal se quedó atrás.

El príncipe, decidido a encontrarla, recorrió el reino con el zapato de cristal, probándolo en cada joven, hasta llegar a la casa de Cenicienta. Cuando finalmente lo calzó, el zapato le quedó perfecto.

El príncipe la reconoció enseguida, no por el vestido ni por el zapato, sino por su sonrisa amable. Se casaron poco después, y Cenicienta, que siempre había sido buena a pesar de las dificultades, por fin encontró la felicidad que merecía.

Desde el castillo, nunca olvidó a quienes la habían tratado con dureza; simplemente decidió no dejar que ese trato cambiara la forma en que ella trataba a los demás. Y cada vez que alguien le preguntaba el secreto de su historia, ella respondía siempre lo mismo: que la bondad, tarde o temprano, siempre encuentra su recompensa.

El mismo cuento con otras voces