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Gratis · elegí una vozCarlotta era una niña muy activa. Le encantaba correr en el parque, saltar a la cuerda y bailar hasta que le dolían los pies. Un día, jugando al escondite con sus amigos, ¡tropezó con una raíz enorme! "¡Ay!", gritó Carlotta, y de repente, su tobillo dolió muchísimo.
Mamá la llevó rápidamente al hospital. Después de revisarla, el doctor dijo: "Carlotta, tienes una pequeña fractura. Necesitamos ponerte un yeso para que tu hueso se cure bien". Carlotta miró el yeso blanco con preocupación. ¡Era enorme! Cubría todo su pie y parte de su pierna. "¿Cómo voy a jugar ahora?", pensó triste.
Al día siguiente, Carlotta se despertó y vio las muletas junto a su cama. ¡Muletas! Parecían dos pequeños robots listos para ayudarla. Intentó levantarse, pero fue más difícil de lo que pensaba. El yeso era pesado y las muletas eran un poco resbaladizas en el suelo de madera. Mamá entró corriendo al escuchar el ruido. "¡Cuidado, Carlotta! Recuerda, tienes que apoyarte en las muletas. Yo te ayudo".
Con la ayuda de mamá, Carlotta logró llegar al baño. Cepillarse los dientes con una sola mano y un yeso enorme fue un desafío. ¡La pasta de dientes terminó en la ropa! Mamá se rió y le dijo: "No te preocupes, cariño. Poco a poco te acostumbrarás. Lo importante es que seas cuidadosa".
Bajar las escaleras parecía una misión imposible. Carlotta se imaginó que era una alpinista escalando una montaña empinada. "Una muleta, luego la otra. ¡Con cuidado!", se decía a sí misma. Mamá la acompañó en cada escalón, asegurándose de que no se cayera. Cuando llegaron al final, Carlotta sintió que había conquistado el Everest. "¡Lo logré!", exclamó, sintiéndose orgullosa.
En el colegio, sus amigos la esperaban con ansias. Sofía le había decorado las muletas con pegatinas de flores y estrellas. Juan Pablo le había hecho un dibujo de un superhéroe con un yeso. Carlotta se sintió muy querida. Aunque no podía correr ni saltar, sus amigos la incluían en todos los juegos. Jugaban a las cartas, contaban historias y leían libros juntos.
La hora de comer era otro reto. Llevar la bandeja con una sola mano y las muletas era complicado. Pero María se ofreció a llevarle la bandeja hasta la mesa. "¡Gracias, María!", dijo Carlotta, agradecida. Descubrió que sus amigos eran muy atentos y siempre estaban dispuestos a ayudarla.
En casa, mamá se encargaba de todo. La ayudaba a bañarse, a vestirse y a entretenerse. Le leía cuentos, jugaban a juegos de mesa y veían películas juntas. Mamá también le enseñó a Carlotta a tejer. Al principio, le costó mucho, pero con paciencia y práctica, logró hacer una bufanda colorida.
Un día, Carlotta se sintió muy frustrada. Quería volver a correr y a jugar como antes. Se sentó en la ventana y empezó a llorar. Mamá se acercó y la abrazó. "Sé que es difícil, cariño", le dijo. "Pero recuerda que eres fuerte y valiente. Este yeso no te define. ¡Eres mucho más que eso!".
Las palabras de mamá la animaron. Carlotta se dio cuenta de que tenía razón. Podía hacer muchas cosas a pesar del yeso. Empezó a aprender a tocar el ukelele. Descubrió que le encantaba dibujar. Y se convirtió en la mejor narradora de historias de toda la casa.
Las semanas pasaron volando. Finalmente, llegó el día de quitarle el yeso. Carlotta estaba nerviosa y emocionada. Cuando el doctor le quitó el yeso, sintió su pierna ligera y libre. ¡Podía mover el tobillo! Aunque todavía le dolía un poco, sabía que pronto volvería a correr y a saltar.
Después de la revisión, Carlotta corrió a abrazar a su mamá. "¡Gracias, mamá!", le dijo. "Me has ayudado mucho. No podría haberlo hecho sin ti". Mamá le sonrió y le respondió: "Siempre estaré aquí para ti, cariño. ¡Y estoy muy orgullosa de ti! Has superado la montaña de yeso con valentía y alegría".
Esa tarde, Carlotta fue al parque con sus amigos. No podía correr tan rápido como antes, pero estaba feliz de estar de vuelta. Se sentó en un banco y los observó jugar. De repente, Sofía se acercó y le dijo: "Carlotta, ¿quieres jugar a adivinar animales? ¡Tú eres la que mejor lo hace!". Carlotta sonrió y aceptó. Sabía que, aunque las cosas fueran diferentes, siempre podría encontrar la forma de divertirse y ser feliz. Y siempre tendría a su mamá para ayudarla a superar cualquier obstáculo.
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