¡El Baile de Lucía a Casa de las Primas!
Lucía, una niña morena a quien le encanta bailar y los perros, supera su miedo a dormir sola y se despierta feliz para visitar a sus primas Sofía y Valentina. Pasan un día lleno de juegos, pintura, galletas y, sobre todo, ¡baile! Lucía regresa a casa llena de alegría y sin miedo a dormir en su propia cama.
Lucía era una niña morena, con un cabello castaño claro que le llegaba hasta los hombros y unos ojos marrones brillantes como el chocolate. A Lucía le encantaban dos cosas más que nada en el mundo: los perros y bailar. Cada mañana, su mamá la despertaba con un beso en la frente y Lucía saltaba de la cama lista para empezar el día. Pero no siempre fue así. Antes, Lucía tenía miedo de dormir sola. Prefería la seguridad de la cama de sus papás. Pero anoche, ¡Lucía había dormido toda la noche en su propia cama! Y lo mejor de todo, se despertó contentísima. ¿Por qué estaba tan feliz? Porque hoy era el día. Hoy, Lucía iba a visitar a sus primas, Sofía y Valentina. Vivían en una casa con un jardín enorme, ¡y tenían un perro llamado Tango! Tango era un labrador dorado, juguetón y cariñoso. Lucía no podía esperar a jugar con él. Después de desayunar un tazón de cereal con fresas, Lucía se vistió con su vestido favorito, uno con florecitas amarillas y azules. Su mamá le cepilló el pelo y le hizo dos trenzas. "¡Estás preciosa!" le dijo su mamá, abrazándola. "Ahora, pórtate bien con tus primas y diviértete mucho". El viaje en coche pareció durar una eternidad. Lucía no paraba de preguntar: "¿Ya llegamos, mamá? ¿Ya llegamos?". Finalmente, ¡allí estaba! La casa de sus primas era de color blanco, con un columpio en el porche y macetas llenas de flores. Lucía salió corriendo del coche antes de que su mamá pudiera siquiera apagar el motor. "¡Lucía!" gritaron Sofía y Valentina al unísono, corriendo a abrazarla. Sofía era un poco mayor que Lucía, tenía el pelo rizado y una sonrisa contagiosa. Valentina era la más pequeña, con unos ojos grandes y curiosos y una voz suave como el terciopelo. Tango, al ver a Lucía, empezó a ladrar y a mover la cola con entusiasmo. Lucía se agachó para acariciarlo y él le lamió la cara. "¡Hola, Tango! ¡Qué contento estás de verme!", le dijo Lucía, riendo. Las tres primas pasaron la mañana jugando en el jardín. Corrieron, saltaron, se escondieron detrás de los árboles y se balancearon en el columpio. Tango las seguía a todas partes, ladrando de alegría. Después, entraron a la casa para pintar. Sofía pintó un arcoíris, Valentina pintó un gato y Lucía pintó a Tango jugando con una pelota. Después de la pintura, la abuela de Lucía, que también vivía con Sofía y Valentina, las llamó para merendar. La abuela había preparado galletas de chocolate, el postre favorito de Lucía. Se sentaron alrededor de la mesa de la cocina y se comieron todas las galletas, mientras contaban historias y reían a carcajadas. Por la tarde, Lucía propuso que bailaran. "¡Sí! ¡Bailemos!" exclamaron Sofía y Valentina. Pusieron música en el equipo de sonido y empezaron a bailar. Bailaron salsa, merengue, y hasta un poco de hip-hop. Tango las observaba con curiosidad, moviendo la cola al ritmo de la música. Lucía inventaba pasos nuevos y las primas la seguían con entusiasmo. Se reían y gritaban de alegría, creando un baile divertido y caótico. Después de bailar, estaban agotadas pero felices. Se sentaron en el sofá y vieron una película de dibujos animados. Tango se acurrucó junto a Lucía y se quedó dormido, roncando suavemente. Lucía lo acarició suavemente y sintió una gran paz y felicidad. Cuando llegó la hora de irse, Lucía abrazó a sus primas con fuerza. "¡Gracias por un día tan divertido!" les dijo. "Vendré a visitaros pronto". Sofía y Valentina le prometieron que la esperarían con los brazos abiertos. De camino a casa, Lucía se quedó dormida en el coche. Soñó con flores, galletas de chocolate, perros juguetones y, sobre todo, con el baile divertido que había compartido con sus primas. Al día siguiente, Lucía se despertó en su propia cama, sonriendo. Ya no le daba miedo dormir sola. Sabía que la felicidad y el amor de su familia la acompañaban siempre, incluso en sus sueños. Y sabía que pronto volvería a bailar con Sofía, Valentina y Tango en la casa de sus primas. Se levantó con energía, lista para un nuevo día lleno de aventuras. Se vistió, desayunó y empezó a tararear una de las canciones que había bailado el día anterior. ¡Qué bien se sentía dormir en su cama y despertarse feliz! Se sentía grande y valiente. Y lo mejor de todo, sabía que la próxima vez que visitara a sus primas, ¡ya no tendría miedo de dormir en su propia cama después de un día lleno de juegos y risas!
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