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Gratis · elegí una vozJulieta amaba los miércoles. Los miércoles eran días de arte en la escuela. La señorita Elena, su maestra, siempre tenía proyectos divertidos. Ese miércoles en particular, habían estado creando coloridos collages con hojas secas, brillantina y trozos de tela. Julieta había hecho un sol sonriente con rayos de hojas doradas. ¡Era su obra maestra!
Pero al sonar la campana, en medio de la emoción por mostrarle su sol a su mamá, Julieta olvidó algo crucial: ¡su tarea! La señorita Elena había pedido a todos que terminaran sus collages en casa, agregando detalles que representaran sus sueños. Julieta había planeado pegar pequeñas estrellas brillantes alrededor de su sol, representando su sueño de ser astronauta.
Al llegar a casa, Julieta corrió a jugar con su perro, Tango, un labrador juguetón con una cola que parecía un látigo feliz. Jugaron a la pelota en el jardín, y Julieta olvidó por completo el collage que esperaba en su pupitre.
La noche llegó, y con ella, la hora de la cena y los cuentos antes de dormir. Julieta se acurrucó en la cama con su libro favorito, una historia sobre una niña que viajaba a la luna. De nuevo, el collage quedó olvidado.
Fue a la mañana siguiente, justo antes de entrar al salón de clases, que el corazón de Julieta dio un vuelco. Vio a sus compañeros de clase felices mostrando sus collages terminados. Algunos habían pegado plumas, otros lentejuelas, y todos eran hermosos. De repente, la verdad la golpeó como un rayo: ¡había olvidado su tarea!
Un nudo de miedo se formó en su estómago. Julieta sabía que la señorita Elena era muy amable, pero también era importante hacer las tareas. ¿Qué pasaría si reprobaba? ¡No quería reprobar! Se imaginó sacando una mala nota y decepcionando a sus padres.
Con las piernas temblorosas, Julieta entró al salón de clases. Intentó esconderse detrás de sus compañeros, esperando que la señorita Elena no notara su ausencia de collage. Pero la señorita Elena tenía ojos de águila.
"Julieta, veo que no tienes tu collage. ¿Ocurrió algo?" preguntó la señorita Elena con una voz suave pero firme.
Las mejillas de Julieta se pusieron rojas como tomates. Bajó la mirada y murmuró: "Lo olvidé, señorita Elena. Lo siento mucho."
Un silencio incómodo llenó el salón. Julieta sintió las miradas de sus compañeros sobre ella. Algunos parecían curiosos, otros comprensivos. Julieta esperó lo peor.
La señorita Elena se acercó a Julieta y se arrodilló para estar a su altura. Tomó la mano de Julieta y le dijo: "Julieta, todos cometemos errores. Lo importante es aprender de ellos. Sé que eres una niña muy responsable y que te gusta mucho el arte."
Julieta levantó la mirada, sintiendo un rayo de esperanza.
"Te daré una oportunidad," continuó la señorita Elena. "Puedes entregar tu collage mañana. Pero quiero que me prometas que hoy te enfocarás en terminarlo y ponerle mucho cariño."
Los ojos de Julieta se iluminaron. "¡Lo prometo, señorita Elena! ¡Lo haré!", exclamó con alivio.
Durante el resto del día, Julieta se sintió mucho más tranquila. Sabía que tenía una segunda oportunidad y no la desperdiciaría. Al salir de la escuela, corrió a casa con Tango y le contó todo sobre su olvido y la amabilidad de la señorita Elena.
Esa tarde, Julieta se sentó en su escritorio y sacó su collage. Recordó su sueño de ser astronauta y comenzó a pegar pequeñas estrellas brillantes alrededor del sol. Agregó un cohete hecho con papel de aluminio y una luna sonriente dibujada con crayones. Trabajó con cuidado y dedicación, poniendo todo su corazón en la tarea.
Cuando terminó, el collage era aún más hermoso de lo que había imaginado. El sol sonreía con más brillo, el cohete parecía listo para despegar, y las estrellas brillaban como diamantes en el cielo nocturno.
Al día siguiente, Julieta llegó a la escuela con su collage en las manos. Se lo mostró a la señorita Elena, quien sonrió con orgullo.
"¡Está precioso, Julieta! Veo que pusiste mucho esfuerzo en él," dijo la señorita Elena.
Julieta sonrió, sintiéndose feliz y aliviada. Había aprendido una valiosa lección: todos cometemos errores, pero siempre hay oportunidades para corregirlos y aprender de ellos. Y lo más importante, había aprendido el valor de la responsabilidad y la amabilidad.
Esa noche, Julieta se durmió soñando con viajes espaciales y soles sonrientes, sabiendo que, aunque a veces olvidemos las cosas, siempre podemos encontrar una manera de rescatar la situación, ¡especialmente con la ayuda de una maestra comprensiva y un perro fiel como Tango!
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