El Pequeño Hugo y el Dragón Dormilón
Un pequeño niño rubio llamado Hugo se pierde en el bosque y, en lugar de encontrar peligro, se hace amigo de un dragón dormilón llamado Draco. Draco ayuda a Hugo a encontrar el camino a casa y se convierten en grandes amigos, aprendiendo el valor de la amistad en lugares inesperados.
Hugo, un niño pequeño con el pelo rubio como el sol, amaba explorar. Un día, mientras jugaba al escondite con su hermana en el borde del bosque, se adentró demasiado. Árboles altos y frondosos lo rodearon, y pronto se dio cuenta de que estaba perdido. "¡Mamá! ¡Hermana!" gritó Hugo, pero solo el eco le respondió. Las hojas crujían bajo sus pequeños pies mientras caminaba, cada vez más asustado. El sol comenzaba a esconderse detrás de los árboles, pintando el cielo de naranja y morado, pero el bosque se volvía cada vez más oscuro. Lágrimas rodaron por las mejillas de Hugo. Se sentó al pie de un árbol gigante, abrazando sus rodillas. "Tengo miedo", susurró. De repente, un ronquido suave, como el murmullo del viento, llegó a sus oídos. Hugo levantó la cabeza. El sonido venía de una pequeña cueva, apenas visible entre las raíces del árbol. Con cautela, se acercó a la entrada de la cueva. Asomó la cabeza y ¡oh, sorpresa! Dentro, acurrucado sobre un lecho de hojas secas y musgo, dormía un dragón. Pero no era un dragón aterrador como los de los cuentos. Este era pequeño, con escamas verdes suaves y una barriga redonda. Sus alas, plegadas a su lado, parecían hechas de seda. De su nariz salían pequeños puffs de humo con cada ronquido. Hugo, olvidando su miedo, se acercó un poco más. El dragón seguía durmiendo profundamente. "¡Hola!" susurró Hugo, pero el dragón no se movió. Hugo, sintiendo curiosidad, extendió su mano y tocó suavemente una de las escamas del dragón. Era suave y tibia. El dragón se removió, estiró sus pequeñas alas y abrió un ojo. Era de un color dorado brillante. Miró a Hugo con sorpresa. "¿Quién eres tú?" preguntó el dragón, con una voz suave y un poco ronca. "Soy Hugo", respondió el niño. "Me perdí en el bosque." El dragón bostezó, mostrando una hilera de pequeños dientes blancos. "Yo soy Draco. Y este es mi hogar", dijo señalando la cueva con su cabeza. "¿Eres un dragón de verdad?" preguntó Hugo, con los ojos muy abiertos. Draco sonrió. "¡Claro que sí! ¿No me ves las escamas y las alas? Pero no soy un dragón que escupe fuego. Soy un dragón… dormilón." Y bostezó de nuevo. "¿Me puedes ayudar a encontrar el camino a casa?" preguntó Hugo con esperanza. Draco se estiró perezosamente. "Mmm… Supongo que sí. Conozco este bosque como la palma de mi mano… o, bueno, como la palma de mi pata", dijo guiñando un ojo. Draco salió de la cueva y Hugo lo siguió. El dragón, aunque pequeño, caminaba con seguridad entre los árboles, guiando a Hugo a través del bosque oscuro. "¿Qué comes?" preguntó Hugo, intentando romper el silencio. "Bayas silvestres y miel. ¡Me encanta la miel!" respondió Draco. "A mí también me gusta la miel", dijo Hugo sonriendo. Después de un rato caminando, Draco se detuvo. "Mira", dijo señalando con su pata. "¿Ves esas luces allá lejos? Es tu pueblo." Hugo miró en la dirección que indicaba Draco y vio las luces de las casas brillando entre los árboles. "¡Sí! ¡Lo veo! ¡Gracias, Draco!" exclamó Hugo, lleno de alegría. "De nada, Hugo", dijo Draco. "Ahora, vuelve a casa con tu familia. Y ten cuidado de no perderte otra vez." "Volveré a visitarte", prometió Hugo, abrazando a Draco con todas sus fuerzas. Hugo corrió hacia las luces, dejando a Draco solo en el bosque. Pronto, vio a su mamá y a su hermana esperándolo, con los ojos llenos de lágrimas de alivio. "¡Hugo! ¡Estábamos tan preocupados!" exclamó su mamá, abrazándolo con fuerza. Hugo les contó todo sobre su aventura y sobre el dragón dormilón llamado Draco. Al principio, no le creyeron, pero Hugo insistió en que era verdad. Al día siguiente, Hugo regresó al bosque con una pequeña jarra de miel para Draco. Lo encontró durmiendo en su cueva. Hugo dejó la miel a su lado y le susurró: "Gracias, amigo Draco". Desde ese día, Hugo y Draco se hicieron grandes amigos. Hugo visitaba a Draco en el bosque, y Draco le contaba historias sobre las estrellas y los secretos del bosque. Hugo aprendió que incluso los dragones pueden ser amables y que la amistad puede surgir en los lugares más inesperados. Y aunque Draco seguía siendo un dragón dormilón, siempre tenía tiempo para su amigo Hugo.
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