¡Emely y el Monstruo de la Guardería!
Emely tiene miedo de ir al kinder y lo llama el Monstruo de la Guardería. Con la ayuda de su mamá, se disfraza de mariposa para enfrentar sus miedos y descubre que el kinder es un lugar divertido y lleno de amigos, haciendo que el monstruo desaparezca.

Emely tenía miedo de ir al kinder. No era un miedo cualquiera, era un miedo grande, peludo y con garras imaginarias que se aferraba a su estómago cada mañana. Lo llamaba el "Monstruo de la Guardería". Cada vez que su mamá, Sofía, la vestía con su uniforme de mariquita, el Monstruo de la Guardería rugía en su interior. Cuando veía el autobús amarillo acercándose, el Monstruo le apretaba el corazón. Y cuando llegaban a la puerta del kinder, con sus coloridos dibujos y el alegre letrero "¡Bienvenidos!", el Monstruo le susurraba cosas terribles: "¡Nadie querrá jugar contigo!", "¡La maestra es malvada!", "¡La comida es de gusanos!". Sofía siempre se agachaba para abrazarla fuerte. "Mi amor, no tienes que tener miedo. El kinder es divertido. Harás amigos, aprenderás cosas nuevas y la maestra Ana es muy dulce." Pero las palabras de su mamá parecían resbalar sobre el pelaje del Monstruo de la Guardería. Un día, mientras caminaban hacia el kinder, Emely vio a una mariposa monarca revolotear cerca de un girasol gigante. Se quedó embelesada observándola. La mariposa era pequeña y delicada, pero volaba con tanta seguridad y alegría. De repente, una idea floreció en la mente de Emely, tan brillante como el girasol. "Mamá, ¿y si yo fuera una mariposa?" preguntó Emely. Sofía sonrió. "¿Una mariposa? ¿Qué harías si fueras una mariposa?" "Volaría por todo el kinder,探險 los rincones, y vería si el Monstruo de la Guardería realmente existe," respondió Emely con un brillo nuevo en los ojos. Sofía la abrazó con fuerza. "¡Me encanta esa idea! Pero, ¿cómo te convertirás en una mariposa?" Emely pensó por un momento. "Necesito alas... ¡y una antena!" Esa noche, Emely y su mamá trabajaron juntas. Con cartón, pintura brillante y mucha imaginación, crearon unas hermosas alas de mariposa. También hicieron dos antenas con limpiapipas y bolitas de colores. Emely se sentía emocionada, no asustada. El Monstruo de la Guardería parecía haberse encogido un poco. Al día siguiente, Emely se puso sus alas y antenas. Se miró en el espejo y sonrió. Ya no era solo Emely, era ¡Emely la Mariposa! Cuando llegó al kinder, respiró hondo y entró volando, o al menos, lo intentó. Caminó con sus alas extendidas, observando todo con curiosidad. Vio a niños riendo y jugando con bloques. Vio a la maestra Ana leyendo un cuento con una voz dulce y amable. Olía a galletas recién horneadas. Emely la Mariposa se acercó tímidamente a un grupo de niños que estaban construyendo una torre gigante con bloques. Uno de ellos, un niño con pecas y una sonrisa grande, la miró con curiosidad. "¡Mira, una mariposa!" exclamó el niño. "¡Hola! Soy Emely, la Mariposa," dijo Emely con una voz un poco temblorosa. "Yo soy Tomás," respondió el niño. "¿Quieres ayudarnos a construir la torre?" Emely asintió con entusiasmo. Juntos, colocaron un bloque tras otro, hasta que la torre se hizo altísima. Emely rió y se divirtió mucho. El Monstruo de la Guardería se había hecho tan pequeño que casi había desaparecido. Durante el resto del día, Emely la Mariposa exploró el kinder. Descubrió que la maestra Ana era realmente muy dulce, que la comida no era de gusanos (¡eran deliciosos macarrones con queso!) y que hacer amigos era mucho más fácil de lo que pensaba. Cuando Sofía llegó a recogerla, Emely corrió a abrazarla, con las alas un poco dobladas y las antenas torcidas, pero con una sonrisa radiante. "¡Mamá, el kinder es increíble! ¡No hay ningún monstruo aquí! Solo amigos y diversión!" exclamó Emely. Sofía la abrazó con fuerza. "Lo sabía, mi amor. Siempre supe que eras lo suficientemente valiente para enfrentar al Monstruo de la Guardería." Esa noche, Emely guardó sus alas y antenas con cuidado. Sabía que ya no las necesitaba. Había descubierto que la valentía no se encuentra en disfraces, sino dentro de uno mismo. Y aunque a veces, el Monstruo de la Guardería intentara regresar, Emely ahora sabía cómo enfrentarlo: con una sonrisa, un corazón abierto y la certeza de que el kinder era un lugar lleno de alegría y amistad.
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