¡Michi, el Rato Risueño y el Pez Saltarín!
Bigotes, un gato hambriento, intenta infructuosamente cazar a Rufo, un ratón astuto, y a Nadador, un pez dorado en una pecera inalcanzable. Después de muchos intentos fallidos y un incidente durante un apagón, Bigotes aprende a valorar la amistad y se convierte en amigo de Rufo y Nadador.
En una casita colorida, vivía un michi llamado Bigotes. Bigotes era un gato grande y atigrado, con unos ojos verdes brillantes y un apetito insaciable. Le encantaba perseguir motas de polvo, dormir siestas al sol, y, sobre todo, ¡cazar! En la misma casa, compartiendo la aventura, vivían también Rufo, un ratón pequeño y astuto, y Nadador, un pez dorado con aletas brillantes. Rufo vivía en un agujero diminuto detrás del refrigerador, y Nadador nadaba felizmente en su pecera redonda, llena de piedritas de colores y una plantita de plástico. Bigotes tenía un problema. ¡Quería comerse a Rufo y a Nadador! Pasaba horas observando el agujero de Rufo, moviendo la cola impacientemente. Pero Rufo era demasiado rápido y escurridizo. Cada vez que Bigotes intentaba atraparlo, Rufo se escabullía en su agujero, dejando a Bigotes con las garras vacías y un maullido frustrado. La pecera de Nadador era otro desafío. Bigotes se sentaba frente a ella, hipnotizado por el pez dorado que nadaba en círculos. Intentaba meter la pata en el agua para atrapar a Nadador, pero la pecera era demasiado alta. Solo lograba mojarse la pata y recibir una mirada curiosa de Nadador. Un día, Bigotes tuvo una idea brillante (o eso creía él). Decidió usar una silla para alcanzar la pecera. Empujó la silla con cuidado hasta colocarla frente a la pecera. Luego, con un salto ágil, se subió a la silla. ¡Estaba casi a la altura de la pecera! Rufo, que observaba la escena desde su agujero, soltó una risita. “¡Ja, ja, ja! ¡No lo vas a lograr, Bigotes!”, gritó Rufo. Bigotes, furioso, intentó ignorarlo y estiró la pata hacia la pecera. Pero al hacerlo, la silla se tambaleó y… ¡cataplum! Bigotes cayó al suelo con un golpe sordo. Rufo se reía a carcajadas. Nadador, desde su pecera, hacía burbujas como si estuviera aplaudiendo. Bigotes, avergonzado y magullado, se levantó lentamente y se sacudió el polvo. Se dio cuenta de que cazar a Rufo y a Nadador no era tan fácil como pensaba. Pasaron los días, y Bigotes siguió intentando atrapar a Rufo y a Nadador, pero siempre fallaba. Rufo era demasiado listo, y la pecera de Nadador era inalcanzable. Poco a poco, Bigotes empezó a aburrirse de la cacería. Se dio cuenta de que, aunque Rufo y Nadador eran diferentes a él, también eran parte de su hogar. Un día, Bigotes encontró a Rufo sentado cerca de su plato de comida. Rufo parecía hambriento. Bigotes, sintiendo lástima, empujó un poco de su comida hacia Rufo. Rufo, sorprendido, olfateó la comida y luego comenzó a comer con entusiasmo. Desde ese día, Bigotes y Rufo comenzaron a convivir en paz. Bigotes compartía su comida con Rufo, y Rufo le contaba historias divertidas. Incluso, a veces, Bigotes se sentaba frente a la pecera de Nadador y charlaba con él (aunque Nadador solo respondía con burbujas). Un día, la casa se quedó sin luz. Todo estaba oscuro y silencioso. Nadador empezó a sentirse asustado en su pecera. Bigotes, al oír el chapoteo desesperado de Nadador, se preocupó. Sabía que Nadador necesitaba aire y luz. Bigotes, con la ayuda de Rufo, encontró una vela y la encendieron. La luz de la vela iluminó la pecera de Nadador, y el pez dorado se calmó inmediatamente. Bigotes y Rufo se quedaron junto a la pecera de Nadador, cuidándolo hasta que volvió la luz. Después de esa noche, Bigotes, Rufo y Nadador se volvieron los mejores amigos. Aprendieron a aceptarse y a quererse tal como eran. Bigotes dejó de pensar en cazar a Rufo y a Nadador, y empezó a valorar su amistad. Comprendió que la amistad es mucho más valiosa que cualquier presa. Así, Bigotes, el michi grande y atigrado, Rufo, el ratón pequeño y astuto, y Nadador, el pez dorado con aletas brillantes, vivieron felices para siempre en la casita colorida, compartiendo risas, aventuras y, sobre todo, ¡una gran amistad!
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