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La Señora Elena, con su sonrisa cálida y sus ojos brillantes, saludó a la clase. "¡Hola a todos! ¡Hoy vamos a hablar de comida!" anunció con entusiasmo.
Sofía, una niña con coletas rubias y un lazo rosa gigante, levantó la mano emocionada. "¡Sí! ¡Me encanta hablar de comida!"
"¡Perfecto, Sofía!" dijo la Señora Elena. "¿Qué comida te encanta?"
Sofía, sin dudar ni un segundo, respondió: "¡Me encanta la pizza y el helado! ¡Son mis comidas favoritas del mundo mundial!"
La Señora Elena sonrió. "¡Qué rico! ¿Y por qué te gusta tanto la pizza?"
Sofía se puso a pensar, arrugando un poquito la nariz. "Mmm... porque tiene mucho queso y está muy, muy deliciosa. ¡Y me gusta la salsa de tomate!"
"¡Muy bien!" La Señora Elena asintió. "¿Y qué comida no te gusta, Sofía? ¿Hay alguna que no te guste nada de nada?"
Sofía hizo una mueca. "¡No me gusta el brócoli!"
"¿El brócoli?" La Señora Elena parecía sorprendida. "¿De verdad? ¿Por qué no te gusta?"
Sofía se encogió de hombros. "¡Porque me sabe mal! ¡No me gusta su sabor! ¡Es como si comiera arbolitos amargos!"
La Señora Elena se rió suavemente. "Entiendo. A cada uno le gustan cosas diferentes. Pero, ¿sabes? El brócoli es muy bueno para ti. ¡Te hace fuerte y sano!"
Sofía cruzó los brazos. "¡Pero no me gusta! ¡Prefiero la pizza!"
La Señora Elena decidió cambiar de tema. "Bueno, bueno, no vamos a obligarte a comer brócoli ahora mismo. Vamos a ver qué les gusta a los demás niños. ¿A ti, Pedro? ¿Qué comida te gusta más?"
Pedro, un niño con gafas grandes y una sonrisa tímida, dijo: "A mí me gustan las fresas. ¡Son dulces y rojas!"
Y así, la clase entera empezó a hablar de sus comidas favoritas y de las que no les gustaban nada. Hablaron de zanahorias crujientes, plátanos blanditos, espinacas verdes y…¡adivinad qué! Algunos niños también odiaban el brócoli.
Después de la clase, Sofía seguía pensando en el brócoli. No entendía por qué era tan importante comerlo si a ella no le gustaba nada. Camino a casa, vio a su abuela regando las plantas en el jardín. Su abuela siempre tenía la respuesta a todo.
"¡Abuela!" gritó Sofía, corriendo a abrazarla. "¿Por qué tengo que comer brócoli si no me gusta?"
La abuela sonrió y la invitó a sentarse en el banco del jardín. "Mira, Sofía," dijo la abuela. "Imagínate que tu cuerpo es como este jardín. Necesita diferentes cosas para crecer fuerte y sano. Las flores necesitan agua, sol y tierra buena. Tú necesitas comida. Algunas comidas te dan energía para jugar, como la pizza. Otras te ayudan a crecer fuerte, como el brócoli."
Sofía escuchaba atentamente. "¿Pero por qué el brócoli tiene que saber tan mal?"
La abuela se rió. "No tiene por qué saber mal. Hay muchas formas de cocinarlo. ¿Qué te parece si mañana cocinamos brócoli juntas? Podemos probar diferentes recetas hasta encontrar una que te guste."
Sofía lo pensó un momento. No estaba muy convencida, pero la idea de cocinar con su abuela la animaba un poco. "Está bien," dijo Sofía. "Pero si no me gusta, ¡no me lo como!"
Al día siguiente, Sofía y su abuela se pusieron manos a la obra en la cocina. Primero, lavaron el brócoli con mucho cuidado. Luego, la abuela le enseñó a Sofía a cortarlo en floretes pequeños. Probaron diferentes formas de cocinarlo: al vapor, hervido y asado. Le añadieron un poquito de sal, pimienta e incluso un poco de queso rallado.
Sofía probó cada una de las preparaciones con cara de pocos amigos. Al principio, no le gustaba ninguna. Pero entonces, la abuela asó unos floretes de brócoli con un poco de aceite de oliva y ajo en polvo. Cuando Sofía lo probó, se sorprendió.
"¡Abuela!" exclamó. "¡Este sí que está bueno! ¡Crujiente y con sabor a ajo!"
La abuela sonrió. "¡Lo sabía! Solo necesitabas encontrar la forma correcta de cocinarlo."
Sofía comió un plato entero de brócoli asado. ¡Incluso le pidió a su madre que lo hiciera para cenar!
Desde ese día, Sofía aprendió que no todas las comidas que son buenas para ti tienen que ser aburridas. Y aunque la pizza y el helado seguían siendo sus comidas favoritas, ¡el brócoli también tenía un lugar especial en su corazón (y en su plato)! Aprendió que probar cosas nuevas y cocinarlas de diferentes maneras podía ser una aventura deliciosa.
Y colorín colorado, esta historia de pizza, helado y brócoli se ha acabado.
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